
Sí, hablamos del juicio en contra del Osama Bin Laden del Hemisferio Occidental, Luis Posada Carriles, el que, entre otros asuntos pendientes con la justicia verdadera, tiene la autoría intelectual de la voladura en pleno vuelo de un avión civil cubano, en 1976, en Barbados, que costó la vida a 73 personas inocentes, y los ataques con bombas a instalaciones turísticas en La Habana, en 1997, en los que murió un turista ítalo-canadiense.
Recordemos que al violento criminal, con el tierno apodo de Bambi, el gobierno de los Estados Unidos no se atreve a juzgarlo como tal y apenas enfrenta cargos por fraude, obstrucción de procesos y falsas declaraciones por mentir a funcionarios de inmigración de Estados Unidos, luego de entrar a ese país como indocumentado, en 2005.
Por tal razón, no solo nosotros, sino mucha gente honesta mucho más allá de Cuba califica de farsa al proceso.
Lo más significativo en los hechos más recientes es que a Art Hernández no le funcionó la estratagema de desacreditar ante los ojos del jurado a la periodista del diario The New York Times, Ann Louise Bardach, la más importante testigo contra su “cliente”.
En los días en que Bardach declaró en El Paso, el abogado del asesino procuró tergiversar, sin lograrlo, el sentido de las comprometedoras palabras de Posada Carriles, en una entrevista concedida a la reportera y publicada en julio de 1998, ahora escuchadas en una grabación de la propia voz del acusado.
En ellas, Posada admitió estar orgulloso del resultado de las explosiones en los hoteles cubanos el año precedente, así como de ser el autor de un fax firmado por "Solo" que hace referencia a la necesidad de publicitar lo ocurrido "en la discoteca" (La Habana) y en el que se habla del envío de fondos desde Nueva Jersey a Guatemala.
Bambi reveló que había recibido 200 mil dólares de la mano del presidente de la Junta de Directores de la Fudnación Nacional Gusano-yanqui (FNCA), el finado Jorge Mas Canosa, para ejecutar acciones terroristas en Cuba y reconoció ser responsable de esos atentados.
También respondió a Bardach que el salvadoreño Raúl Ernesto Cruz León hizo por dinero el encargo de Bambi de colocar varios explosivos en hoteles habaneros, uno de los cuales mató al ítalo-canadiense Fabio di Celmo. Incluso declaró con toda desvergüenza que di Celmo murió por estar en el lugar y el momento equivocados.
En audiencias anteriores, fueron testigos de la fiscalía los expertos cubanos Ileana Vizcaíno Dime, médico forense, y el teniente coronel Roberto Hernández Caballero, investigador criminal, que fundamentaron la responsabilidad de Posada Carriles en los atentados en La Habana y de la muerte de di Celmo, algo que tampoco Art Hernández pudo rebatir.
Aunque no es acusado por esos crímenes, La Habana contribuyó al esclarecimiento de trágicos acontecimientos, para sustentar la imputación federal de que Bambi mintió sobre el particular en una entrevista con funcionarios norteamericanos de inmigración.
Al parecer, la fiscalía está prosperando en su tímida acusación contra Posada Carriles y Art lo sabe.
Como Dios los cría y el diablo los une, el abogado de Posada trajo al estrado como testigo de la defensa nada más y nada menos que como experto en asuntos cubanos a un ejemplar de la fauna anticubana radicada en los Estados Unidos: Otto Reich.
Apenas abrió la boca, el exembajador yanqui en Venezuela comenzó a lanzar improperios a diestra y siniestra, procurando encajar con la estrategia de Art de desacreditar los testimonios aportados por la fiscalía.
Atacó Bardach y al The New York Times como prejuiciados contra la mafia gusano-yanqui radicada en ese país, mientras que buscó descalificar al teniente coronel Hernández Caballero, del Ministerio cubano del Interior, con el insulto artero de que “la Inteligencia cubana secuestra y asesina a gente en otros países".
Recordemos que la sistemática satanización de la Cuba Socialista y sus autoridades en los Estados Unidos, ha sido un recurso empleado por el gobierno norteamericano y sus lacayos de origen cubano para agredir a la Revolución y denigrar todo lo referente a la Isla. Reich no podía hacer menos.
Pero Art y él se cogieron las posaderas con la puerta, pues el “prominente cubanoamericano”, como le gusta nombrarlo la agencia EFE (le dice “activista anticastrista” a un asesino confeso como Posada Carriles), pues, no citó ninguna instancia específica de fabricación en el trabajo de Bardach y mucho menos probar, porque es una calumnia indignante, que el MININT es un organismo criminal.
Además, la respuesta que recibió de Bardach y del diario The New York Times fueron lapidarias.
La periodista rememoró que “el récord de Otto Reich de calumniar a periodistas habla por sí mismo. De hecho fue reprendido y amonestado por sus tácticas desagradables en ese sentido''.
"Otto Reich no ha demostrado ningún error de hecho en los artículos de The New York Times, ni tampoco nadie más lo ha hecho en los 13 años transcurridos desde su publicación'', dijo Eileen Murphy, vicepresidente de comunicaciones corporativas del diario, refiriéndose a la serie de artículos de Bardach y Rohter en 1998. "En cambio, ha lanzado ataques que no son dignos de una respuesta''.
Por demás, salió nuevamente a la luz que en 1987, la Contraloría General de Estados Unidos encontró que las actividades de la Oficina de Diplomacia Pública del Departamento de Estado "violaron las restricciones sobre el uso de los fondos asignados para fines de publicidad o propaganda''. El jefazo del organismo en la década de los años 80 del pasado siglo fue...Otto Reich, usted también lo adivinó.
Lo bueno que tiene el juicio The People vs Posada Carriles es lo malo que se está poniendo.











