14 de Marzo, Día de la Prensa CubanaGuantánamo. El momento histórico que viven los cubanos demanda de todos esfuerzos extraordinarios, pero si existe un sector al que este pueblo pide más, es al de la prensa.
El compromiso de los periodistas revolucionarios del indómito terruño con sus compatriotas no puede fallar y mucho menos ahora.
Es hora de juntar y amar, otra vez, como solicitó en su época Martí cuando creó, el 14 de marzo de 1892, el Periódico Patria.
Tal como el Héroe Nacional supo exponer escritos de alto vuelo poético, crónicas periodísticas sin igual y contundentes críticas a todo lo que mancillaba el honor de los cubanos dignos en varias publicaciones, así tiene que mostrar el periodista de hoy los asuntos que aborde.
Nadie puede negar la vigencia de la prédica del Apóstol de la Independencia de Cuba cuando expresó: “De pensamiento en la obra mayor que se nos hace, ganémosla a pensamiento”. Otros pensadores revolucionarios no han dudado en enunciar que los enemigos gastan toda su energía en desvirtuar, distorsionar, entretener a los tontos con la banalidad, ante todo lo que se trate de bienestar para el pueblo cubano.
Muchos de quienes han apostado históricamente al éxito de la política de la fruta madura, los que insisten en que el desmoronamiento del proceso revolucionario cubano es solo cuestión de tiempo, no dejan de estudiar cómo penetrar la ideología del pueblo, de confundirlo, de desprestigiar a su dirección histórica, de reclutar a obtusos para que traicionen a sus hermanos.
Algunos deslumbrados han comido de la manzana, creído en el sueño americano, y aceptado limosnas en nombre de los llamados derechos humanos, lo que para ellos puede traducirse con su máxima de que “el fin justifica los medios”.
Así, bajo la bandera de los derechos humanos, los imperialistas han intervenido naciones, atacado a pueblos enteros y destruido a milenarias culturas.
El proceso de actualización del modelo económico en la pequeña nación caribeña, bloqueada económica, financiera y comercialmente desde hace más de 50 años por los sucesivos gobiernos estaunidenses, en medio de la más aguda crisis global que ha atravesado la humanidad en los últimos tiempos, ha envalentonado nuevamente a los enemigos.
Revueltos y brutales los contrarios buscan cómo penetrar con dádivas, discursos manidos, mentiras repetidas, con símbolos del consumismo, creando una supuesta disidencia con gente que manda a sus hijos a las mismas escuelas que van los otros niños cubanos, visitan los mismos hospitales que los demás, compran su canasta básica con la misma tarjeta de productos alimenticios, hasta ahora igual para los que la necesitan como para los que no…
¿De qué disidencia hablan, si no de la chusma que ofendió hace poco a una periodista cuya intención era entrevistar a alguna de las llamadas Damas de Blanco (¿de qué color tendrán el alma?) frenadas por el pueblo ante sus payasadas “contrarrevolucionarias”?
Si de vivir en la pasión de la verdad como llamó Martí al fundar Patria se trata, esta es la verdad de los periodistas honestos, revolucionarios, gente de pueblo común que comparten día a día junto a los suyos los avatares que les ha tocado.
Los cubanos no viven una sociedad perfecta, pero se acerca a lo que muchos en el mundo han soñado. Expresar los problemas que aquejan a la sociedad y su posible solución, siempre y cuando se haga con sana pasión, con la espada que hiere y cura a la vez, profundizar cada vez más en los fenómenos sociales para ser activos colaboradores en su tramitación, investigar, explicar, argumentar, es la misión que hoy, como siempre toca a la prensa estimable cubana.
La sabiduría en la profesión que Martí legó a los profesionales de este ramo tiene que ser el arma a esgrimir en toda jornada, para callar con la verdad a quienes intentan hacer sucumbir a este consagrado pueblo, cuya revolución ya cuenta 53 años y sigue en pié.











