
Justamente hoy se celebra un nuevo aniversario de aquella gigantesca idea que prendió con mucha más fuerza el fuego del talento repartido; mediante una vocación permanentemente humanista, tomaba cuerpo la iniciativa del Comandante en Jefe Fidel Castro del programa de Instructores de Arte, los que conformarían desde entonces la Brigada Cultural José Martí.
Cada 18 de febrero, además, se conmemora el aniversario del natalicio de Olga Alonso, quien constituyera ejemplo de instructora, a pesar de sus cortos años de edad cuando le sorprendió la muerte, inspiración para la creación y referente obligado para la Cultura Nacional; momento en que se le rinde homenaje.
Desde las más disímiles manifestaciones se entremezclan danza, música, teatro, canción, pintura; conquistando los corazones y formando el gusto estético del niño, el joven o hasta del anciano, repartiendo la inmensa obra de la Revolución, quizás la mejor de las artes cultivadas en este caimán verde y rebelde.
El incansable torbellino de ideas se abrió paso en la iniciativa de la creación artística, incorporándose a la dimensión martiana de “ser cultos es el único modo de ser libres” una realidad antes desconocida en todo su esplendor, talentos ocultos brotaron desde la misma entraña del pueblo y con ella creció mucho más vigoroso el retoño dormido. La enseñanza del arte repartida por doquier, gracias en gran medida por la Brigada de Instructores de Arte José Martí, se fortalece sin dudas y con ella se ensancha el apego a esas raíces culturales que nos identifica como cubanos.
Forjadores de bellezas, hacedores de sueños y brújula de vocaciones, los instructores de arte son un complemento de la majestuosa obra revolucionaria cubana. Enriquecedores del espíritu del pueblo, que mediante el fomento del hábito por la lectura y del amor por la conservación del patrimonio cultural de la nación, instruyen y desarrollan la inteligencia personal y colectiva. Poseedores de la grandeza conquistada por más de 50 años, hecha en acordes, trazos o gestos; en la diestra mano que comunica y transmite directo al corazón el mensaje más difícil de un discurso, en el movimiento del cuerpo o en la más armónica y atinada de las voces.
La obra de la Revolución Cubana es también arte y constituye responsabilidad de los instructores de divulgarla y enseñarla, que sirva entonces este día de celebraciones para ratificar el compromiso de continuar desarrollándola.











