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La historia de mayor altruismo: un esfuerzo supremoGuantánamo.- Si a fines de enero de 1976 se hizo más palpable la proximidad de la victoria de los combatientes cubanos y las FAPLA sobre la coalición agresora espoleada por el gobierno de los Estados Unidos para conquistar Angola, fue gracias a la determinación de Fidel Castro de prestar al presidente Agostinho Neto y al MPLA toda la asistencia militar al alcance de Cuba.

Para ese momento, las fuerzas invasoras racistas integradas por entre cuatro mil y cinco mil militares blancos se retiraban hacia el extremo sur del país, ante la incapacidad de vencer a los   magníficos soldados internacionalistas que los habían parado en seco e imposibilitado la intención de conquistar Luanda en una acción relámpago, antes de que la opinión pública mundial se percatara.

Sin el respaldo sudafricano, las pandillas del FNLA y la UNITA comenzaron a desmoronarse.

En el norte, la horda de Holden Roberto y los incompetentes del ejército de Mobutu que los apoyaban, huían ante el empuje de la ofensiva cubano-angolana encabezada por Schueg y Ndozi.

Lograr esa favorable situación en el conflicto requirió un esfuerzo supremo de la Isla caribeña, situada a diez mil kilómetros de distancia, cruzando el Atlántico.

No se puede olvidar que únicamente por decisión soberana de La Habana, a pedido de Neto y el MPLA, fue que llegaron los militares cubanos a Angola.

Primero fue el pequeño grupo de la Misión Militar, luego el medio millar de instructores y, por último, la intervención masiva de tropas regulares, con el inicio de la Operación Carlota, en noviembre de 1975.

Moscú no fue consultada y, en un primer momento, respondió con críticas al altruista gesto cubano.

A los ojos de los soviéticos, la decisión de Fidel Castro ponía en riesgo el deseo de Leonid Brezhnev de concluir con la administración Ford las negociaciones del tratado de limitación de armas estratégicas SALT II y pasar a la historia como un líder promotor de la distensión dentro de la Guerra Fría que sostenían la URSS y los Estados Unidos.

Incluso la invasión sudafricana, en octubre de 1975 no hizo reaccionar a Moscú y se limitó a autorizar el envío de asesores y armas que las inexpertas FAPLA no sabían utilizar, después que fue proclamada la República Popular de Angola.

Solo cuando la extraordinaria operación cubana apuntó con resolución hacia el triunfo y era evidente que el SALT II no se concluiría con la rapidez aspirada, fue que la Unión Soviética aceptó brindar alguna asistencia al despacho de tropas internacionalistas a Angola.

Eso fue ya en enero de 1976.

Hasta entonces La Habana transportó a los combatientes por su cuenta y riesgo, enfrentando los múltiples obstáculos que le puso Washington para demorar su llegada al campo de batalla y facilitar la victoria de Sudáfrica y Mobutu, en apoyo a Holden Roberto y Jonás Savimbi.

Por mar, en barcos mercantes como improvisados transportes de tropas, fueron expedidas unidades completas, con armamento pesado. La travesía duraba varios días.

La Habana dispuso del envío urgente de tropas en aviones comerciales turbohélices, de alcance medio, Bristol Britannia e IL-18, que necesitaban reabastecerse dos veces de combustible antes de llegar a Luanda.

Fue precisamente el puente aéreo el que Washington se empeñó en dificultar.

Si bien Cubana de Aviación tuvo asegurada la segunda escala en Guinea-Bissau y Guinea, aliados del MPLA, para La Habana resultó todo un reto vencer las presiones yanquis para imposibilitar a las aeronaves disponer de un punto donde hacer el primer reaprovisionamiento de carburante.

Sucesivamente, a Cuba le fue retirado el permiso de aterrizaje en Barbados, Guyana, la Isla de Sal, en Cabo Verde, y las portuguesas islas Azores. El gobierno de Trinidad y Tobago se negó a concederlo.

Incluso en estas difíciles circunstancias, en diciembre de 1975 por más de dos semanas Moscú detuvo el envío de armas a Luanda, precisamente cuando los combatientes cubanos y los bisoños soldados de las FAPLA luchaban a brazo partido contra los insistentes ataques sudafricanos, en aquel momento con superioridad en el número de hombres y armas.

La Unión Soviética apenas accedió a otorgar a La Habana diez vuelos en aviones IL-62, entonces las más modernas aeronaves trasatlánticas de Aeroflot, en enero del siguiente año.

Cuando los vuelos concluyeron el 16 de enero, los Britannias fueron equipados con tanques suplementarios de combustible para hacer un peligroso salto sobre el océano, desde Holguín, en el oriente de la Isla, hasta Bissau.

Mientras tanto, la máxima dirección de la Revolución Cubana siguió insistiendo ante los soviéticos para obtener más vuelos de IL-62, a reacción, más veloces y con el doble de capacidad de los Britannias y los IL-18, además de poder volar directo desde La Habana hasta Conakry, en Guinea, y de allí a Luanda.

Moscú no respondió hasta el 10 de febrero con otra decena de vuelos.

Aún así, comenzando 1976 en Angola ya estaban unos siete mil 500 internacionalistas, la inmensa mayoría transportados por aviones y barcos cubanos, en una admirable demostración de capacidad organizativa, impensable lograr por una pequeña nación en vías de desarrollo, por demás situada al otro lado del mundo.

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El escritor Singh Castillo está con nosotros desde el Miércoles, 06 Mayo 2009.




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