En la calle Luz Caballero No. 1171 entre Ramón Pintó y la avenida “Camilo Cienfuegos”, en esta ciudad de Guantánamo, vivía, al triunfo de la Revolución, el matrimonio integrado por Francisco Casamanes Rodríguez y Ofelia Herrera con sus cuatro hijos, pero estaban lejos de sospechar que el 5 de enero de 1959, Francisco perdería la vida en cumplimiento de su deber.
Este joven revolucionario conocía en carne propia la explotación de que eran objeto los obreros por la oligarquía extranjera y nacional, de ahí que no dudara un instante en unirse al Movimiento 26 de Julio para cambiar aquel estado de cosas, y en el periodo insurreccional transportaba armas y medicamentos para las tropas del Segundo Frente Oriental “Frank País”.
Cuando el tirano Fulgencio Batista y sus principales cómplices huyen del país en la madrugada del primero de enero de 1959, Francisco es llamado a las filas del Ejército Rebelde y participa en la toma de la ciudad, acción que se realiza el 2 de enero sin dispararse un solo tiro y que dirige el Comandante Efigenio Ameijeiras.
Durante las 48 horas siguientes no hay tiempo para el descanso, cumple diversas misiones encomendadas por el mando superior, encaminadas principalmente a la búsqueda y captura de los torturadores y asesinos del régimen en este territorio oriental.
En la trágica jornada del 5 de enero, este joven revolucionario de 39 años de edad, iba como escolta en un camión que transportaba a varios esbirros condenados a muerte por fusilamiento, quienes durante varios años habían cometido bárbaros asesinatos en todo el territorio guantanamero, y entre ellos se encontraba el connotado criminal ex coronel Arcadio Casillas Lumpuy, jefe de operaciones del Regimiento Guantánamo, a quien el tirano Batista había ascendido el 24 de diciembre de 1958, en un vano intento de elevar la moral de las tropas del régimen.
Este vehículo hizo una parada en la calle Los Maceo y Emilio Giró, frente al Ayuntamiento de la ciudad, ocasión que aprovecha Casillas Lumpuy para tratar de desarmar a un escolta e intentar escapar. De inmediato se produjo un intenso tiroteo encima del camión, al que contribuyeron los soldados rebeldes que se encontraban en los altos del Ayuntamiento, para evitar se escaparan aquellos asesinos.
El intento de fuga de los esbirros fue frustrado, sin embargo, hubo que lamentar la pérdida del valioso compañero Francisco Casamanes Rodríguez, un joven que por su inteligencia y fidelidad a la Patria, presentaba magníficas condiciones para contribuir a la principal tarea de la Revolución: la construcción de la sociedad socialista.











