Guantánamo. El más sagrado derecho del ser humano: su libertad, reaparece ultrajado ante los ojos del mundo con el injusto confinamiento de Los Cinco antiterroristas cubanos en cárceles de Estados Unidos.
Se sabe que ellos no solo evitaban que la muerte sumiera a los cubanos, desde el corazón mismo de los grupos de extrema derecha radicados en Miami, sino también prevenían que el terrorismo volviera a perjudicar al pueblo norteamericano como lo hizo aquel fatídico 11 de septiembre.
Solo recordar a las víctimas de las Torres Gemelas debe encender la sangre de lo más justo de la sociedad estaunidense, pero a su pueblo le está negado conocer la verdad del caso de Gerardo René, Ramón, Antonio y Fernando.
Si la jurisprudencia del gigante del norte se respetara solo un poco no estaría ocurriendo lo que hoy ocurre; si el pueblo norteamericano conociera a fondo el asunto, los doce años de ilícito encierro de los Cinco hubiera sido solo una utopía para los verdaderos enemigos del hombre que son los asesinos confesos como Luis Posada Carriles, Orlando Bosh y toda la pléyade de gansters que son aupados por el gobierno de la Casa Blanca.
Por allá andan “sueltos y sin vacunarse”, tal como reza una acuñada frase popular en Cuba.
Como si fuera poco tributan homenaje en la Universidad de Miami a Bosh, y ahora los abogados de Posada Carriles pretenden prescindir de pruebas relacionadas con la actividad terrorista de su defendido, autor confeso, junto al primero, del sabotaje en pleno vuelo a un avión civil cubano en 1976, donde murieron 73 personas.
¿No les preocupa a los norteamericanos que fieras como estas se paseen sin bozal por las calles de ese país? Advierto que sus mordidas son altamente peligrosas y contaminantes.
Los Cinco fueron detenidos cuando monitoreaban acciones criminales de grupos anticubanos radicados en Florida, al sur de Estados Unidos, y fueron condenados a penas desde 15 años de privación de libertad hasta doble cadena perpetua más 15 años, en el caso de Gerardo Hernández Nordelo.
Numerosas pruebas, la declarada inocencia y testimonios de altos jefes militares norteamericanos precisan que los Cinco nunca atentaron contra la seguridad de esa poderosa nación.
Miles de voces se han alzado para responsabilizar al Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, del injusto encierro, pues él tiene el poder y la capacidad suficientes para ordenar el retiro de las sanciones y poner en libertada quienes luchaban por la vida de seres inocentes.
En el mundo existen incontables organizaciones que claman por la libertad de los antiterroristas cubanos y por el deseo de que se haga justicia con los verdaderos asesinos que accionan desde Miami.
Cada vez más adeptos abrazan la justa causa. Mientras Los Cinco, intransigentes, inclaudicables, no aceptan chantajes y día por día están más convencidos de que por su pueblo son capaces de pagar el precio de cualquier sacrificio.











