
La impotencia, entonces, impulsó a los gobernantes de la Isla, en especial a quienes fueron motivados por un grupo de voluntarios, a cometer un horrendo crimen: El fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina, el 27 de noviembre de 1871, reconocido entre los más ignominiosos actos cometidos por la España colonial en Cuba.
El escalofriante fusilamiento fue, además, uno de los eventos más trágicos durante la Guerra de los Diez Años, y durante el gobierno del General Blas Villate y de la Hera, Conde de Balmaseda.
Los ocho inocentes estudiantes fueron arrestados en su aula universitaria el 25 de noviembre por el propio Gobernador español de La Habana, y fueron juzgados en el Consejo de Guerra el 26 y las sanciones impuestas no tuvieron mayor repercusión. Dicho fallo, no fue aceptado por los voluntarios españoles, quienes se amotinaron frente al edificio de la cárcel; ante ello, los estudiantes fueron procesados por segunda vez, y condenados a muerte.
Así, se ensañaba la maldad contra los jóvenes cubanos de entre 16 y 21 años, a quienes se les truncaron los sueños de verse graduados de la profesión más humana que existe: médicos.
Balmaseda, de regreso a La Habana, y presa de un cinismo sin parangón, no revoca el fallo ni lo reemplaza por una pena inferior. Sin compasión ni piedad los ocho estudiantes eran ejecutados. Es el 27 de Noviembre de 1871… En la explanada de La Punta tuvo lugar la ignominia, infeliz capítulo en la historia de España.
Su inocencia no era lo importante, había que acallar los aires independentistas que corrían de Oriente y a la vez la sed se los voluntarios, ávidos de derramar sangre cubana. A decir de José Martí, este crimen: expresó el alma rencorosa y cruel de España en América.
El horrendo crimen cometido contra los ocho estudiantes de medicina, ha sido inspiración para la juventud cubana en las sucesivas generaciones, la que año tras año les rinde el merecido tributo, como protagonizarán en este aniversario 137.











