
Una política de doble moral y oscuros objetivos levanta como bandera el gobierno de los Estados Unidos contra Cuba y otras naciones; en especial, para la Isla ha significado medio siglo de perjuicios a la economía y a la vida humana. Amenazas y agresiones de todo tipo, desde biológicas hasta el ataque terrestre; violaciones del espacio aéreo, mutilados y asesinatos y un abultado inventario de otros tipos de daños que pesan bastante en la hoja de actuación de los “luchadores antiterroristas”.
¡Qué ironía! Ubicar a Cuba en una lista negra de países terroristas ya es el colmo de los colmos del descaro; pero todo es permitido y vale si se trata de la política hostil del gobierno norteamericano contra la Mayor de las antillas.
Hace unos días atrás, se conocía por los Medios de Comunicación que organizaciones terroristas de la mafia de Miami rendían homenaje a Orlando Bosch Ávila, quien a pesar de su enorme tratado de hechos violentos, avalado por su participación en la voladura del avión civil cubano frente a las costas de Barbados en 1976 y que costó la vida a 73 personas, vive libre en la citada urbe de la Florida, al igual que Luis Posada Carriles, responsable confeso además de tan horrendo crimen.
La verdad es que tal acontecimiento bien podría considerarse la desfachatez personalizada, sin embargo, solo es una expresión de las tantas que evidencian la crisis de valores en algunas esferas de la sociedad norteamericana. Es contraproducente que quienes se denominan luchadores antiterroristas mantengan encarcelados en sus predios a cinco heroicos cubanos que su única falta ha sido proteger a su país de la muerte y el pánico, advirtiendo sobre el actuar genocida de organizaciones y grupos reaccionarios radicados en Estados Unidos, que financiados, entrenados, dirigidos y protegidos por la CIA, practican el Terrorismo de Estado contra el pueblo cubano.
Las injustas condenas impuestas a Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar, Antonio Guerrero Rodríguez, Fernando González Llort y René González Sehwerert fundamentan una vez más el caduco y mentiroso discurso de las autoridades de la gran potencia.
Durante las últimas cuatro décadas, las acciones terroristas procedentes de los Estados Unidos causaron la muerte de 3478 cubanos, provocando además graves lesiones a 2099 y cuantiosos daños económicos
La moral del Imperio anda en calzoncillos y cada vez más resulta menos creíble el hacer de una Justicia carcomida en sus más elementales principios de entereza e imparcialidad, que incluye no solo el caso de Los Cinco, sino el medio siglo de bloqueo que sufrimos que constituye, sin dudas, una elemental muestra de acto terrorista.











