Guantánamo.- Un cadáver ideológico; eso es el bloqueo económico, financiero y comercial impuesto a Cuba por la Casa Blanca desde hace casi medio siglo.
Cuba exige el levantamiento del bloqueo a 50 años de su instauración
Informe Cuba contra el bloqueo 2010
La afirmación quizás resulte para algunos demasiado atrevida, festinada o superficial, pero tiene una argumentación irrefutable: es una política tan criminal como inefectiva.
El deseo manifiesto de once administraciones yanquis de rendir por hambre y vicisitudes a los cubanos ha ocasionado daños económicos directos al pueblo de Cuba por 751 mil 363 millones de dólares estadounidenses.
Según la Cancillería cubana, la cifra toma en cuenta los procesos de inflación de los precios minoristas de Estados Unidos y la devaluación del billete verde frente al oro, más de 30 veces desde 1961 a 2009.
Es simplemente un acto brutal contra un pueblo cuyo único delito es ser una nación digna e independiente, que no se doblega ante la prepotencia imperial.
De niño, en la escuela nos presentaron al caso de Cuba como ejemplo de réplica a la teoría del fatalismo geográfico, que propugna la imposibilidad de un país pequeño de sustraerse de la influencia de una poderosa nación vecina, mucho menos en contra de la voluntad de Estados Unidos.
Los críticos de esa aseveración dijeron que el comunismo en la Isla se sostenía por la generosa ayuda económica y el amparo militar que le daba la Unión Soviética, pero se quedaron sin explicaciones cuando la URSS se desmerengó y con ella el bloque socialista en Europa Oriental.
Pero estar a apenas 90 millas de Cayo Hueso ha significado para Cuba sufrir una agresión cruenta y sin cuartel por parte de Washington.
Parafraseando algo dicho en alguna ocasión por McGeorge Bundy, el asesor de Seguridad Nacional de John F. Kennedy, en lo que se refiere a la Isla rebelde los presidentes norteamericanos se llevan por una suerte de principio: no haber hecho todo lo posible por destruir a la Revolución, tiene un costo político; hacer todo lo posible por destruirla, no lo tiene.
Nada más acorde a la tradición imperial.
Por eso, el monstruo que Eisenhower engendró con el corte de la cuota azucarera cubana en el mercado estadounidense y J.F.K. convirtió en política para infligir “los terrores de la tierra” a la Cuba Socialista y derribar a su díscolo líder Fidel Castro, con el tiempo creció como una bola de nieve cuesta abajo, pero ha muerto ideológicamente, sin alcanzar jamás su propósito supremo.
Su cadáver apesta tanto, que el pasado año, la moción cubana que exige su eliminación, en la Asamblea General de la ONU obtuvo el respaldo de 187 naciones y el rechazo de apenas tres: EE.UU., Israel y Palau.
La política de bloqueo a Cuba es ominosa porque obedece, entre otros fines, a satisfacer el odio de los gringos más reaccionarios y de las mafias gusano-yanquis radicadas en Miami, cuyos vergonzosos privilegios fueron afectados por la Revolución.
Asimismo porque su esencia genocida ha costado las muertes o el sufrimiento de personas inocentes en Cuba, a causa de las trabas impuestas al país para adquirir medicamentos o equipos médicos fabricados en los Estados Unidos.
Su cinismo es desnudado por el propio gobierno norteamericano, con la política de acercamiento a Vietnam, el enemigo que otrora le causó 58 mil muertos y desaparecidos, así como su mayor descalabro político y militar después de la Segunda Guerra Mundial.
Kennedy, Johnson y Nixon llevaron al país casi a la bancarrota y no pudieron impedir que en abril de 1975 triunfaran las fuerzas patrióticas que unificaron al país bajo un gobierno de ideología marxista-leninista, tan aliado como Cuba de la Unión Soviética.
Sin embargo, desde hace dos décadas a los Estados Unidos no le resulta demasiado importante que Vietnam viva bajo un gobierno comunista.
Semanas atrás un portaaviones y un destructor de la Marina norteamericana participaron en aguas vietnamitas en un ejercicio conjunto con fuerzas navales de Hanoi, en ocasión del aniversario 15 de la normalización de las relaciones entre los antiguos adversarios.
Es más, la actual administración aceleró las negociaciones para compartir combustible nuclear y la nación del sudeste asiático pueda enriquecer uranio, con la posibilidad de que General Electric y Becthel vendan reactores nucleares y otros equipamientos a Vietnam.
De hecho, Washington promueve el comercio y las inversiones en Vietnam.
Hasta el senador republicano John McCain, afirma que nunca imaginó que Vietnam se convertiría en el más importante y prometedor aliado asiático de los Estados Unidos en el Pacífico.
McCain, candidato derrotado por Barack Obama en las pasadas elecciones presidenciales, pasó más de cinco años prisionero en Hanoi durante la guerra, luego de ser abatido su A-4, tomando parte en los criminales bombardeos ordenados por Nixon contra el entonces Vietnam del Norte.
Pero con Cuba, el pensamiento imperial sólo conoce una respuesta: derribar a Fidel Castro, el advenedizo que en su propia cara encabezó la Revolución que les arrebató el feudo anhelado desde Thomas Jefferson, pasando por la política de la fruta madura de Quincy Adams, la doctrina Monroe y la Enmienda Platt.
La nación caribeña debe ser castigada, no interesa que los norteamericanos muertos en ella, a causa del conflicto agudizado después de 1959, sean contados casos y en todos participaran en acciones flagrantes de agresión, como los pilotos derribados en Playa Girón en el marco de la fracasada invasión mercenaria o el del avión espía U-2 interceptado por un misil tierra-aire, durante la Crisis de Octubre.
No importa que La Habana ofreciera compensar a las compañías norteamericanas afectadas por las nacionalizaciones realizadas en 1960 o para negociar, sobre bases serias, la normalización de las relaciones entre ambos países.
Por todas esas razones, el bloqueo a Cuba es un cadáver ideológico, cuyo peso carga ahora la administración del presidente “del cambio”, Barack Obama.
Seguro el Departamento de Estado de la Clinton utilizará su verborrea para justificar en la ONU lo injustificable: el apego irrestricto a esa política fracasada y criminal, como hicieron los gobiernos antecesores.
Los cubanos de verdad damos por sentado que este 26 de octubre la comunidad internacional por décimo novena vez consecutiva respaldará de forma abrumadora la resolución presentada insistentemente por La Habana para exigir la remoción de un muerto que apesta por su incapacidad para vencernos, pero que extiende en el tiempo el sufrimiento innecesario de un pueblo.











