Guantánamo.- Corría octubre de 1958 y aunque la gran ofensiva de verano del ejército de Batista contra las fuerzas rebeldes lideradas por el Comandante en Jefe Fidel Castro había sido derrotada definitivamente 6 de agosto de 1958 en Las Mercedes, Sierra Maestra, nadie suponía que 147 después caería la Tiranía.
En la primera quincena de octubre –como narra Fidel en el prólogo de su último libro: La contraofensiva estratégica- el líder rebelde dedicaba su tiempo, entre otros menesteres a la “Administración Civil del Territorio Libre (ACTL), entre ellos, asuntos como los impuestos al arroz y al ganado”.
Análogamente en el territorio liberado por el II Frente Oriental Frank País, bajo el mando del entonces Comandante Raúl Castro Ruz, se cumplían, junto con las misiones combativas, tareas de índole administrativas con decretos impositivos sobre el valor de las producciones agrícolas, mineras, forestales, ganaderas y comerciales.
Dotado de estructuras administrativas para atender los frentes Obrero, Campesino, Propaganda, y Finanzas, entre otros, el mando guerrillero, con su política impositiva, por ejemplo, ingresó por el valor de la producción azucarera de la zafra 1957-1958, la suma de 120 mil 346 pesos con 30 centavos, de acuerdo con investigaciones historiográficas locales.
Terratenientes y dueños de centrales de la comarca intentaron eludir esas obligaciones financieras declarándose imposibilitados de hacer la siguiente zafra, actitud que indujo la celebración, el 23 de octubre de 1958, en El Sigual, de la Plenaria Azucarera en Armas, auspiciada por el Movimiento 26 de Julio y el Buró Obrero bajo el lema “Reparación y zafra con dinero o sin dinero”.
El Sigual, asiento de uno de los campamentos de la compañía D “Omar Ranedo” de la Columna 18 “Antonio López Fernández”, en el término municipal de Yateras, a unos 18 kilómetros al noreste de la ciudad de Guantánamo, fue el sitio escogido para la Plenaria, precisa Luis Figueras Pérez, entonces con 16 años de edad combatiente de esa fuerza y hoy investigador histórico.
Precisa que fueron 17 los participantes, venidos de los centrales Santa Cecilia, Romelié (Héctor Infante), Los Caños (Paraguay), La Esperanza (Argeo Martínez), Soledad (El Salvador) y La Isabel (Honduras), en representación de 14 mil 300 trabajadores azucareros de todos los ingenios y colonias cañeras del valle de Guantánamo.
El clandestinaje presidió todas las acciones organizativas del evento, pues presuponía un grave riesgo para la vida de sus delegados, quienes burlaron la vigilancia de la dictadura y llegaron al campamento, unos a pie y otros a caballo.
A las 9:30 antes meridiano del 23 de agosto de 1958 Bernardo Betancourt Limonta, del movimiento 26 de Julio; Restituto Veranes, por el Buró Obrero y el primer teniente Marciano Boicet, por el Ejército Rebelde, los principales organizadores, abrieron la Plenaria que horas después suscribiría diez trascendentales acuerdos.
Apoyo incondicional al ejército rebelde, hacer la zafra a favor del movimiento guerrillero, sin que esto beneficiara a las fuerzas pro tirano, y ratificar la participación en la cosecha únicamente observando los principios anteriores, fueron los principales acuerdos del cónclave que suscribió otros siete puntos inherentes a reclamos de los derechos obreros y sindicales frente a los patrones de la industria.
La reunión demostró la conveniencia, posibilidad y utilidad de la unidad entre las diferentes organizaciones, comunión de fuerzas que impuso la decisión revolucionaria de reparar los ingenios y hacer la zafra con dinero o sin dinero.
La zafra 1958-1959 no solo se ejecutó por la decisión del movimiento obrero y revolucionario: los trabajadores de los ingenios La Esperanza, La Isabel, Los Caños, San Antonio de Redó, Soledad, Santa Cecilia y Romelié, de conjunto, produjeron 138 mil 200 toneladas métricas de azúcar, seis mil 400 más que en la cosecha precedente.
La Plenaria Azucarera en Armas y sus proyecciones fue otra victoria de las fuerzas revolucionarias en Guantánamo y orgullo para sus protagonistas, quienes en diciembre del propio año se contaban entre los delegados al histórico Congreso Obrero en Armas de Soledad de Mayari, que en el propio territorio del II Frente reafirmaba los acuerdos de El Sigual.











