Así, el 16 de octubre de 1953, una pequeña salita de la Escuela de Enfermeras del Hospital Civil, en Santiago de Cuba, sirvió de escenario para la continuación del juicio por los sucesos del 26 de julio de ese propio año. Apenas veinte personas estaban presentes, entre ellos los integrantes del Tribunal, el Fiscal, cuatro periodistas, abogados y los custodios. Fidel, en su condición de abogado solicitó y asumió su propia defensa.
Lo sucedido aquel día pasaría a formar parte de la historia de Cuba, al pronunciar Fidel su alegato de autodefensa La Historia me absolverá que, desde entonces, pasó a ser el programa político del nuevo movimiento revolucionario, continuador de las ideas de Céspedes, Agramonte, Maceo, Martí, Villena y Mella.
En su histórico discurso Fidel denunció la crisis económica, política y social por la que atravesaba Cuba hacia la década de 1950; la forma artera en que se produjo el golpe militar del 10 de marzo; los crímenes de la tiranía posteriores a los sucesos del 26 de julio, y luego expuso el programa de lucha para cambiar radicalmente la situación de los cubanos cuando se lograrse el triunfo popular.
Luego del ataque a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, los sicarios de la tiranía de Fulgencio Batista emprendieron un verdadero baño de sangre con los combatientes heridos y los capturados posteriormente. Setenta jóvenes cubanos fueron cruelmente torturados y asesinados. Los restantes prisioneros se salvaron gracias a la opinión pública nacional e internacional.
En las sombrías galeras del mal llamado Presidio Modelo, en la entonces Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud), 30 jóvenes de la Generación del Centenario exigían castigo para los asesinos de sus hermanos de ideales y un cambio en los destinos de la Patria.
La causa por los hechos ocurridos el 26 de julio de 1953, fue radicada en el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba, con el número 37, y el 21 de septiembre de ese propio año comenzó el juicio más importante de la historia republicana.
El resultado de la primera sesión del juicio fue un rotundo fracaso para la tiranía que vio desmoronarse las mentiras que había inventado, en tanto, el prestigio de los combatientes revolucionarios crecía, pues su líder, Fidel Castro Ruz, se había convertido de acusado en acusador.
Los jueces corrompidos, el Fiscal, los oficiales y soldados del régimen escucharon con respeto la defensa del joven líder revolucionario; no por ello dejaron de cumplir la orden de aplicarle una severa condena: 15 años de privación de libertad, sanción a la que Fidel había aludido anteriormente: “Condenadme, no importa, la Historia me absolverá”.











