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Guantánamo.- Haydee García Nóbrega murió en 2009 sin ver que el gobierno de los Estados Unidos actuara con firmeza contra quienes desde esa nación perpetraron y persisten en realizar actos terroristas contra la Isla digna e independiente, como denunció el 6 de octubre último el presidente cubano Raúl Castro.
Haydee era la madre de Ramón Infante, esgrimista guantanamero asesinado junto a otras 72 personas en la voladura en pleno vuelo de un DC-8 de Cubana de Aviación, que despegó del aeropuerto Seawell, Barbados, en un día similar en 1976, considerado el peor acto terrorista ocurrido en todo el Hemisferio Occidental hasta el atentado contra un edificio del gobierno federal en Oklahoma.
Durante 33 años esperó en vano que el gobierno norteamericano juzgara a los promotores del atentado que le arrebató la vida a Monchy, miembro del equipo nacional de esgrima.
Los cabecillas Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila, viven tranquilamente en Miami, a pesar de que el primero confesó con todo cinismo a una periodista venezolana la autoría intelectual del criminal sabotaje.
Los sombríos personajes actuaron siempre bajo las órdenes de la Casa Blanca y los servicios especiales del imperio, en particular la no menos tenebrosa CIA, por lo que han sido exonerados de todo cargo y castigo.
Posada Carriles sólo espera por un juicio a principios del año próximo por el delito menor de mentir en su solicitud de ciudadanía estadounidense, luego de su entrada ilegal por Miami en el buque Santrina, en 2007, hecho oportunamente denunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro.
Sobre Bambi no pesa la amenaza de ser acusado de terrorismo por el Procurador General de los
Estados Unidos, a pesar de que existen pruebas suficientes para ser juzgado y no sólo por el crimen de Barbados.
Hay pruebas fehacientes de ser el organizador de una serie de ataques con bombas en instalaciones turísticas de La Habana, en 1997, que causaron la muerte a un turista italiano, así como de atentados contra el líder de la Revolución Cubana, como el frustrado en Panamá, en noviembre de 2000, durante la X Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado.
Bosch Ávila goza del indulto dado en 1989 por el presidente Bush, el padre, a instancias de los congresistas gusano-yanquis Ileana Ros-Lehtinen y su Lincoln Díaz-Balart Caballero, a pesar del pesado fardo de comprobadas actividades terroristas que carga sobre su conciencia.
Además de la voladura del avión civil cubano en Barbados, vale destacar su vinculación a los asesinatos del excanciller chileno Orlando Letelier y su colaboradora Ronny Moffit, en Washington, y del antiguo comandante de las fuerzas armadas chilenas, general Carlos Prats y su esposa, en Argentina.
De forma obcecada, criminal, agresiva e hipócrita han actuado las administraciones norteamericanas, desde Eisenhower hasta Obama, pasando por las notas altas de Kennedy, Nixon, Reagan y Bush,...el hijo, en cuanto a la Cuba socialista se refiere.
En nombre de la democracia Made in U.S.A., los gobiernos yanquis han empleado el terrorismo de Estado como política contra la Isla y su pueblo.
Las operaciones Pluto y Mangosta, son ejemplos cimeros que sustentan esa afirmación.
Pluto concluyó con la bochornosa derrota de la invasión mercenaria por Playa Girón, en abril de 1961, mientras que Mangosta intentó por todos los medios crear las condiciones para una invasión directa de las fuerzas armadas norteamericanas a Cuba, que se frustró con el estallido de la Crisis de Octubre o del Caribe, un año más tarde.
Aunque fue cancelada de forma oficial en el propio 1962, durante varios años más continuaron las acciones subversivas engendradas por la Operación Mangosta como la presencia de bandas de alzados en zonas rurales de la Isla, y las acciones de guerra biológica destinadas a afectar la salud de la población y sabotear la producción agropecuaria del país.
Con toda razón, el mandatario cubano Raúl Castro emplazó al actual presidente yanqui a ser consecuente con su compromiso en la lucha contra el terrorismo, reafirmado por Obama durante la conmemoración del noveno aniversario del 11-S.
Si el presidente norteamericano se ajustara a las sinceras y sentidas palabras que expresó ese día, comprendería que el dolor que hoy sienten decenas de familias de su país, es soportado desde hace décadas por familias cubanas.
Apegándonos a su reconocida inteligencia, podríamos suponer que entendería que no existe un terrorismo bueno (el de Estado, realizado por antecesores suyos en la Casa Blanca), ni un terrorismo malo (el realizado por grupos extremistas de cualquier religión), hay un único terrorismo, ese que, para infligir el mayor daño posible, de manera cruel y sin distinción arrebata la vida a cualquiera, sea blanco, negro o trigueño; mujer, hombre, niña o niño.
Es imposible olvidar la culpabilidad de la administración Reagan en la introducción en Cuba del virus del dengue hemorrágico, que contaminó a más de 350 mil cubanos, de los cuales murieron 158, entre ellas 101 niñas y niños.
La política de terrorismo de Estado esgrimida en nombre de la “democracia y la libertad” por el gobierno de EE.UU., es la causante de la muerte de tres mil 478 cubanos y de las heridas o mutilaciones sufridas por más de dos mil compatriotas.
Con mucho tino, este 6 de octubre el presidente Raúl Castro le señaló a su homólogo norteamericano que el pueblo cubano, como consecuencia del terrorismo de Estado, tiene una cifra de muertos y desaparecidos mayor que las causadas por los ataques a las Torres Gemelas y el edificio federal en Oklahoma juntos.
Cuba está orgullosa de su ejemplar desempeño en contra del terrorismo.
En este contexto, la Isla ha colaborado de forma unilateral con el gobierno norteamericano, ofreciéndole informaciones relacionadas incluso a planes de magnicidio. A cambio, Washington a desconocido olímpicamente los ofrecimientos hechos en varias ocasiones por La Habana de establecer una colaboración mutua en la materia.
Hoy cinco héroes cubanos cumplen injustas condenas en cárceles norteamericanas, por la necesidad que tuvo la Revolución de vigilar a grupos terroristas de origen cubano radicados en la nación norteña, que realizan sus actividades criminales gracias a la cómplice pasividad de las autoridades yanquis.
Aún así, Washington se siente con el derecho de incluir de forma arbitraria a la nación caribeña en su listado de estados patrocinadores del terrorismo.Es el colmo de la desfachatez, pero también del odio irracional contra Cuba que contagió a la élite de poder imperial desde enero de 1959.
Sobradas razones tiene el Gobierno de la isla para la declaración oficial del 6 de octubre "Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado", como recordatorio de los actos terroristas cometidos contra el pueblo cubano.
Raúl habló en nombre de Haydee García Nóbrega y de las esposas y esposos, hijos y padres, amigos y seres queridos que en Cuba se sienten todos los días acongojados por llorar a una víctima de la agresividad de Washington, en cualquiera de sus formas.
El emplazamiento a Obama de que el gobierno de los Estados Unidos abandone el doble rasero con el que se trata a Cuba en materia de terrorismo, es una justa demanda.
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Una demanda justa
Por: Singh Castillo (Comentario, 10-10-10)
Haydee García Nóbrega murió en 2009 sin ver que el gobierno de los Estados Unidos actuara con firmeza contra quienes desde esa nación perpetraron y persisten en realizar actos terroristas contra la Isla digna e independiente, como denunció el 6 de octubre último el presidente cubano Raúl Castro.
Haydee era la madre de Ramón Infante, esgrimista guantanamero asesinado junto a otras 72 personas en la voladura en pleno vuelo de un DC-8 de Cubana de Aviación, que despegó del aeropuerto Seawell, Barbados, en un día similar en 1976, considerado el peor acto terrorista ocurrido en todo el Hemisferio Occidental hasta el atentado contra un edificio del gobierno federal en Oklahoma.
Durante 33 años esperó en vano que el gobierno norteamericano juzgara a los promotores del atentado que le arrebató la vida a Monchy, miembro del equipo nacional de esgrima.
Los cabecillas Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila, viven tranquilamente en Miami, a pesar de que el primero confesó con todo cinismo a una periodista venezolana la autoría intelectual del criminal sabotaje.
Los sombríos personajes actuaron siempre bajo las órdenes de la Casa Blanca y los servicios especiales del imperio, en particular la no menos tenebrosa CIA, por lo que han sido exonerados de todo cargo y castigo.
Posada Carriles sólo espera por un juicio a principios del año próximo por el delito menor de mentir en su solicitud de ciudadanía estadounidense, luego de su entrada ilegal por Miami en el buque Santrina, en 2007, hecho oportunamente denunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro.
Sobre Bambi no pesa la amenaza de ser acusado de terrorismo por el Procurador General de los Estados Unidos, a pesar de que existen pruebas suficientes para ser juzgado y no sólo por el crimen de Barbados.
Hay pruebas fehacientes de ser el organizador de una serie de ataques con bombas en instalaciones turísticas de La Habana, en 1997, que causaron la muerte a un turista italiano, así como de atentados contra el líder de la Revolución Cubana, como el frustrado en Panamá, en noviembre de 2000, durante la X Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado.
Bosch Ávila goza del indulto dado en 1989 por el presidente Bush, el padre, a instancias de los congresistas gusano-yanquis Ileana Ros-Lehtinen y su Lincoln Díaz-Balart Caballero, a pesar del pesado fardo de comprobadas actividades terroristas que carga sobre su conciencia.
Además de la voladura del avión civil cubano en Barbados, vale destacar su vinculación a los asesinatos del excanciller chileno Orlando Letelier y su colaboradora Ronny Moffit, en Washington, y del antiguo comandante de las fuerzas armadas chilenas, general Carlos Prats y su esposa, en Argentina.
De forma obcecada, criminal, agresiva e hipócrita han actuado las administraciones norteamericanas, desde Eisenhower hasta Obama, pasando por las notas altas de Kennedy, Nixon, Reagan y Bush,...el hijo, en cuanto a la Cuba socialista se refiere.
En nombre de la democracia Made in U.S.A., los gobiernos yanquis han empleado el terrorismo de Estado como política contra la Isla y su pueblo.
Las operaciones Pluto y Mangosta, son ejemplos cimeros que sustentan esa afirmación.
Pluto concluyó con la bochornosa derrota de la invasión mercenaria por Playa Girón, en abril de 1961, mientras que Mangosta intentó por todos los medios crear las condiciones para una invasión directa de las fuerzas armadas norteamericanas a Cuba, que se frustró con el estallido de la Crisis de Octubre o del Caribe, un año más tarde.
Aunque fue cancelada de forma oficial en el propio 1962, durante varios años más continuaron las acciones subversivas engendradas por la Operación Mangosta como la presencia de bandas de alzados en zonas rurales de la Isla, y las acciones de guerra biológica destinadas a afectar la salud de la población y sabotear la producción agropecuaria del país.
Con toda razón, el mandatario cubano Raúl Castro emplazó al actual presidente yanqui a ser consecuente con su compromiso en la lucha contra el terrorismo, reafirmado por Obama durante la conmemoración del noveno aniversario del 11-S.
Si el presidente norteamericano se ajustara a las sinceras y sentidas palabras que expresó ese día, comprendería que el dolor que hoy sienten decenas de familias de su país, es soportado desde hace décadas por familias cubanas.
Apegándonos a su reconocida inteligencia, podríamos suponer que entendería que no existe un terrorismo bueno (el de Estado, realizado por antecesores suyos en la Casa Blanca), ni un terrorismo malo (el realizado por grupos extremistas de cualquier religión), hay un único terrorismo, ese que, para infligir el mayor daño posible, de manera cruel y sin distinción arrebata la vida a cualquiera, sea blanco, negro o trigueño; mujer, hombre, niña o niño.
Es imposible olvidar la culpabilidad de la administración Reagan en la introducción en Cuba del virus del dengue hemorrágico, que contaminó a más de 350 mil cubanos, de los cuales murieron 158, entre ellas 101 niñas y niños.
La política de terrorismo de Estado esgrimida en nombre de la “democracia y la libertad” por el gobierno de EE.UU., es la causante de la muerte de tres mil 478 cubanos y de las heridas o mutilaciones sufridas por más de dos mil compatriotas.
Con mucho tino, este 6 de octubre el presidente Raúl Castro le señaló a su homólogo norteamericano que el pueblo cubano, como consecuencia del terrorismo de Estado, tiene una cifra de muertos y desaparecidos mayor que las causadas por los ataques a las Torres Gemelas y el edificio federal en Oklahoma juntos.
Cuba está orgullosa de su ejemplar desempeño en contra del terrorismo.
En este contexto, la Isla ha colaborado de forma unilateral con el gobierno norteamericano, ofreciéndole informaciones relacionadas incluso a planes de magnicidio. A cambio, Washington a desconocido olímpicamente los ofrecimientos hechos en varias ocasiones por La Habana de establecer una colaboración mutua en la materia.
Hoy cinco héroes cubanos cumplen injustas condenas en cárceles norteamericanas, por la necesidad que tuvo la Revolución de vigilar a grupos terroristas de origen cubano radicados en la nación norteña, que realizan sus actividades criminales gracias a la cómplice pasividad de las autoridades yanquis.
Aún así, Washington se siente con el derecho de incluir de forma arbitraria a la nación caribeña en su listado de estados patrocinadores del terrorismo.
Es el colmo de la desfachatez, pero también del odio irracional contra Cuba que contagió a la élite de poder imperial desde enero de 1959.
Sobradas razones tiene el Gobierno de la isla para la declaración oficial del 6 de octubre "Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado", como recordatorio de los actos terroristas cometidos contra el pueblo cubano.
Raúl habló en nombre de Haydee García Nóbrega y de las esposas y esposos, hijos y padres, amigos y seres queridos que en Cuba se sienten todos los días acongojados por llorar a una víctima de la agresividad de Washington, en cualquiera de sus formas.
El emplazamiento a Obama de que el gobierno de los Estados Unidos abandone el doble rasero con el que se trata a Cuba en materia de terrorismo, es una justa demanda.
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