En la misiva, el jefe de la Misión Militar Cubana en Luanda, anunció lo inexorable: los instructores militares que aún estaban por llegar al país africano a pedido de Agostinho Neto y el MPLA, no tardarían mucho en entrar en combate directo, luego de su arribo a Angola.
La evaluación se hizo sobre la base de la creciente intervención extranjera en apoyo a las bandas del FNLA, del patético Holden Roberto, y la UNITA, del cabecilla Jonás Savimbi, las puntas de lanza de los Estados Unidos para impedir el triunfo de Neto y su organización en la guerra civil desatada en la primavera de ese año por el control de la colonia portuguesa.
Entonces disminuían los días que distaban para el 11 de noviembre, día previsto para la proclamación de la independencia.
Pero Estados Unidos miraba con terror que un movimiento declarado marxista, como el MPLA, formará el primer gobierno y condujera a Angola a alinearse junto a la Unión Soviética. Era algo que abominaban también la Sudáfrica del oprobios apartheid, el dictador zairense Mobuto y varios aliados europeos de Washington.
En esas circunstancias fue que en los primeros días de octubre de 1975, llegaron los alrededor de 500 asesores militares enviados por Fidel Castro como parte del “plan mucho mejor”, al decir de Agostinho Neto, para apuntalar la victoria del MPLA con la formación de unos cinco mil 300 guerrilleros de esa organización en Centros de Instrucción Revolucionaria que serían habilitados con ese fin.
En el conflicto interno, hasta mediados de ese mes, el MPLA había combatido con éxito a los adversarios casi exclusivamente con sus propias fuerzas.
El FNLA, reforzado por soldados zairenses, mercenarios y exmilitares portugueses, a fines de agosto había lanzado una ofensiva contra Luanda, desde Caxito, al norte, y sus fuerzas avanzaron hasta las cercanías de una aldea destartalada y hasta entonces desconocida, llamada Quifangondo, donde estaba el suministro de agua de la capital, situada a unos 20 kilómetros más al suroeste.
Pero el 7 de septiembre, la Novena Brigada de sus Fuerzas Armadas para la Liberación de Angola (FAPLA), que incluía a un centenar de combatientes recién llegados del entrenamiento en la extinta Unión Soviética, contraatacó y un día después había desalojado al FNLA de Caxito, empujándolo a más de 40 millas al norte de Luanda.
Inflado por más armas yanquis y las primeras enviadas por Pretoria, así como con soldados comprometidos por Mobuto, Roberto volvió a avanzar y retomó Caxito, pero el 26 de septiembre, la Novena Brigada detuvo el avance de sus tropas en Morro de Cal, a unos cinco kilómetros al norte de Quifangondo.
Envalentonado por más asistencia foránea, el viernes 17 de octubre Roberto anunció desde Zaire que el FNLA estaría en Luanda el martes siguiente.
El 23 de octubre, cerca de tres mil 500 de sus efectivos, contando a mil 200 soldados zairenses, atacaron nuevamente Morro de Cal. Entre los defensores se retiraron a Quifangondo, donde se mantuvieron. Entre ellos estaban 40 cubanos del Centro de Instrucción Revolucionaria creado en las cercanías de la ciudad de Salazar (hoy N´Dalatando).
Fue la primera ocasión que en Angola pelearon los instructores llegados desde la Isla digna e independiente. Cinco días después, un segundo grupo de asesores combatió, junto al MPLA, para recuperar la aldea de Quiangombe, al este de Quifangondo.
Mientras eso ocurría, en el sur estaba en progreso uno de los acontecimientos más trascendentales de la guerra: la columna sudafricana Zulu había invadido desde la ilegalmente ocupada Namibia y penetraba con toda rapidez en la profundidad del territorio angolano, en su afán de derrotar definitivamente al MPLA y capturar Luanda.
En el pueblo de Catengue, ubicado a unos 70 kilómetros al sudeste de la ciudad de Benguela, el 2 y el 3 de noviembre, fue la primera ocasión que en la guerra de Angola se encontraron frente a frente combatientes cubanos e invasores sudafricanos.
Unos 40 instructores del Centro de Instrucción Revolucionaria situado al sur de Benguela, participaron en el combate, junto a sus alumnos angolanos.
Si hasta ese momento Zulu había arrollado a las débiles unidades del MPLA que se le oponían, en Catengue encararon la oposición más fuerte y mejor organizada de las FAPLA.
Los defensores tuvieron que retirarse, ante la inferioridad manifiesta en hombres y armas. Allí ocurrieron las primeras bajas mortales de los cubanos en Angola.
Impresionados por la fuerte resistencia encontrada en Catengue, los sudafricanos no se apresuraron en atacar Benguela y pidieron refuerzos a Pretoria.
No fue hasta el día 6 de noviembre que Benguela cayó y un día después sucedió con Lobito.
Por delante, a Zulu le quedaba la cuarta y última fase de la Operación Savannah: Luanda.
Para el ataque final, oficiales y especialistas sudafricanos llegaron en avión con algunos cañones pesados para reforzar a la columna invasora y, en el norte, oficiales paramilitares de la CIA yanqui se unieron a Roberto en su cuartel general.











