Guantánamo.- Dos jóvenes esgrimistas de Guantánamo, Ramón Infante y Juan Duany perdieron la vida en el cruel sabotaje al avión de cubana de aviación, aquel fatídico 6 de octubre de 1976 en las costas de la isla caribeña de Barbados, cuando se disponían a regresar a la Patria cargados de medallas.
Han trascurrido 34 años del abominable crimen e indigna conocer que los autores confesos de tamaño acto terrorista, los connotados Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, aún se pasean libres por las calles de la ciudad norteamericana de Miami, burlándose de las leyes de ese país.
El tiempo pasa, pero perdura el dolor en el pueblo de Cuba. Trabajadores del deporte en Guantánamo, junto a familiares de las víctimas, estudiantes, y vecinos, se concentraron en los alrededores del parque del barrio La Caoba, en la capital provincial, para alzar sus voces exigiendo justicia.
Desde la declamación de frases y poemas a cargo de una pionera de la EIDE Rafael Freyre, hasta las encendidas palabras de los oradores, hicieron temblar la injusticia una vez más en la región del Alto Oriente, pues como está sentenciado “nuestros muertos no están solos ni olvidados”.
Los mártires de Barbados permanecerán por siempre en un sitial de honor en nuestro país, no solo porque fueron víctimas inocentes del odio miserable de los enemigos de la Revolución, sino por su modestia, entrega y resultados deportivos.











