Sin lugar a dudas se trata de una medida impostergable; además de una necesidad que no puede postergarse. Los cubanos ya no tan jóvenes recordamos perfectamente que a finales de la década del 80, como parte del proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, el país estaba decidido a enfrentar una serie de deformaciones en la estructura laboral.
Estaba en la mira de la dirección revolucionaria enfrentar fenómenos como la existencia de plantillas infladas, enfoques paternalistas que desestimulaban el trabajo, altos índices de ausentismo, indisciplinas, afectaciones de la eficiencia por baja productividad del trabajo, entre otros.
Pero en 1991 llegó el periodo especial, y la estrategia económica adoptada no sólo salvó la revolución y el socialismo, sino que hizo posible mantener las conquistas sociales lo cual es una hazaña sin precedentes. Allí se reubicaron trabajadores excedentes de fábricas que debieron cerrar por la falta de materias primas e insumos fundamentales; otros pasaron a un régimen de interrupción laboral, prácticamente permanente, que complicó mucho más el fenómeno de las platillas infladas y el descenso de la productividad.
Sin embargo, se protegió a la población en aquellas duras circunstancias en que escasea de todo, a causa de la caída del campo socialista y con él, más del 80 por ciento de nuestro comercio exterior.
Cuando parecía que la economía de la isla encontraba su derrotero, a pesar de la persistencia y la agudización del insensato bloqueo económico de estados unidos, mantenido por más de 50 años, contra la voluntad de la comunidad internacional, el devastador efectos de varios fenómenos meteorológicos, unido a la crisis financiera internacional, repercutió muy negativamente en la economía cubana, que vio afectada sus pronósticos de crecimiento, disminuyeron los flujos de los ingresos en divisas con los que se preveía contar para cumplir los compromisos de pagos externos contraídos, entre otras dificultades.
En este contexto resulta inaplazable encontrar las fórmulas que eleven la productividad del trabajo, contribuyan al progresivo saneamiento de las finanzas internas y permitan encausar nuestra economía por los derroteros del mercado internacional. de tal manara, luego de varios meses de análisis, el consejo de ministros aprobó en julio pasado, este proceso de reordenamiento de la fuerza laboral, que prevé, en una primera etapa – hasta el primer trimestre de 2011-, la reducción de más de 500 mil trabajadores en el sector estatal, y con esta, un grupo de decisiones adicionales, entre ellas, la ampliación del TCP y otras actividades del sector no estatal, como alternativa de empleo, además del aplicar un régimen tributario atemperado al nuevo escenario económico.
Como explica el órgano del comité central del partido comunista de cuba, el TCP es mucho más que una alternativa de empleo. Con la ampliación de su ejercicio hasta unas 178 actividades en todo el país, se eliminan también un grupo de restricciones, y prohibiciones que entorpecería el abanico de posibilidades que se proyectan. Por añadidura, los beneficios de la seguridad social ampararán a quienes opten por esas ofertas.
en correspondencia con esto, está diseñado un nuevo régimen tributario para el trabajo por cuenta propia basado en el principio de que aporte más quién más ingreso recibe con vistas a incrementar las fuentes de ingresos al presupuesto y lograr una adecuada redistribución de los ingresos a escala social.
Está claro que ninguna de estas decisiones serán fáciles de instrumentar, es un proceso complejo, que como dijo el presidente cubano Raúl Castro Ruz, las medidas pueden parecer duras, pero son necesarias para eliminar las deformaciones de nuestro sistema económico. Pero a mi juicio, si un país está preparado para asimilarlas y salir adelante ese es el nuestro, por la preparación de sus ciudadanos, la claridad de que hay conquistas más sensibles que preservar, que a todos nos benefician y que el proceso en su conjunto apuntará a la eficiencia, la productividad y a la compensación en el salario, el verdadero estímulo al trabajo.











