Guantánamo.- En la primera mitad de octubre de 1975, Angola estaba sumida en una civil que ganaba el Movimiento Popular para la Liberación de Angola frente al FNLA, de Holden Roberto, y la UNITA, de Jonás Savimbi.
Los peleles trataban de cumplir las órdenes dadas desde Washington, a través de Sudáfrica y Zaire, de impedir que en Luanda, el 11 de noviembre, el prócer Agostinho Neto y su organización, la más genuina representante de los intereses del pueblo angolano, proclamara la independencia de Portugal.
Fueron fuerzas del MPLA las que encararon entonces el desafío de sus rivales, a pesar de que en los primeros días de ese mes habían llegado los 480 instructores militares enviados por el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro, respondiendo a un pedido de Neto.
Los militares antillanos arribaron con armas y otros recursos para adiestrar a unos cinco mil 300 guerrilleros en centros de instrucción revolucionaria ubicados en el rico enclave petrolero de Cabinda y en las cercanías a las ciudades de Benguela, Henrique de Carvalho (hoy Saurimo) y Salazar (N´Dalatando).
En el norte, la Novena Brigada, integrada por combatientes del MPLA entrenados en la extinta Unión Soviética, había contenido el avance de los cerca de tres mil 500 hombres de Roberto, incluidos alrededor de mil 200 soldados cedidos al cabecilla por el dictador zairense Mobuto Sese Seko, cerca de la destartalada aldeíta de Quifangondo.
Por el sureste del país, la zona controlada por la UNITA se achicaba como un globo con un gran boquete, ante el empuje de las mejor motivadas y organizadas tropas de las Fuerzas Armadas Populares para la Liberación de Angola (FAPLA).
El avance victorioso del brazo armado del MPLA en ambos frentes sucedía a pesar que desde los Estados Unidos y Sudáfrica llegaban armas para las bandas de Roberto y Savimbi.
Incluso desde septiembre, tropas especiales del régimen del apartheid estaban entrenando a fuerzas del FNLA y la UNITA, tarea en la que también intervenían los primeros asesores de la CIA norteamericana.
La situación militar favorecía al MPLA en los primeros días de octubre de 1975, mientras se acercaba el 11 de noviembre, día de la proclamación de la independencia. Similares eran las consideraciones tanto del primer comandante Raúl Díaz Argüelles, jefe de la Misión Militar Cubana en Angola, como la de los servicios de inteligencia norteamericanos.
A mediados del mes, la organización de Neto controlaba 12 de las 16 provincias del país y todas las principales localidades urbanas, con excepción de Nova Lisboa (hoy Huambo), además de casi todos los centros mineros e industriales y el conjunto de los puertos. El FNLA y la UNITA apenas se asían débilmente de las cuatro provincias restantes.
Viendo como la cuenta regresiva hasta el 11 de noviembre se achicaba, Holden Roberto y Jonás Savimbi procuraban con desesperación la intervención masiva y directa de tropas extranjeras en su apoyo, porque sabían que les era imposible derrotar al MPLA.
Casi desde su llegada a Luanda, el primer comandante Raúl Díaz Argüelles había manifestado a la jefatura del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias en la lejana Habana su apreciación acerca de que la intervención extranjera en apoyo a Roberto y Savimbi tuviera una escalada dramática para impedir la victoria de Neto y el MPLA, según se acercara el día de la independencia.
Inclusive el avezado jefe llegó a informar a principios de septiembre su apreciación de que los instructores, entonces por arribar al país, estarían combatiendo antes de noviembre, llegado el caso de alguna invasión por un país vecino.
El 14 de octubre de 1975, cuando todo parecía que las FAPLA enrumbaban hacia un triunfo seguro, se hizo realidad el temor de Díaz Argüelles: Sudáfrica invadió.











