Según previsiones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), ese elevado número de personas padecerán algún tipo de restricción hídrica, teniendo en cuenta, además, que para esa fecha deben superar los 9 mil millones los habitantes de la Tierra.
Ello, por supuesto, creará una alta demanda del líquido, situación a la cual muchos analistas internacionales prevén que las próximas guerras podrían ser por la posesión de las principales fuentes de abasto de agua dulce en el planeta Azul.
Lo cierto es que bajo los actuales niveles de consumo y uso de recursos naturales, la sostenibilidad ambiental continuará como una de las grandes deudas de la humanidad con el futuro, de ahí el gran desafío que tienen los hombres que tienen bajo su responsabilidad la vida de millones de personas.
Las catástrofes naturales de los últimos años son apenas algunas de las evidencias más recientes de que el cambio climático, como lo advierten científicos y estudiosos del tema, no es solo un concepto general, sino que tiene un impacto real a nivel internacional.
Hoy son evidentes los incrementos de las temperaturas medias globales del océano y del aire, la fusión generalizada de los hielos y la nieve, la elevación del nivel medio del mar, todo lo cual, sin dudas, altera los ecosistemas y el medio ambiente en sentido general.
Está demostrado por investigaciones científicas que el clima terrestre depende del equilibrio energético entre la radiación solar y la emitida por la tierra. En ese balance los gases de efecto invernadero tienen un rol crucial, a los cuales se atribuye el incremento de la temperatura de la corteza del planeta.
En consecuencia se calcula que en el año 2100 la temperatura media será entre 1,5 y 6 grados más que la de 1980. Reducir y evitar que siga creciendo ese indicador es un gran reto, como lo constituye también la utilización racional del agua dulce que existe en la Tierra.











