Guantánamo.- Las conclusiones a que llega el editorial publicado en el periódico Granma de que continúan los planes terroristas contra la Isla digna e independiente desde los Estados Unidos, es incuestionable para aquellos que tienen sentido común, no importante el sitio del planeta donde esté.
Editorial del períodico Granma Las razones de Cuba...
El escrito permite conocer las razones que tiene Cuba para denunciar por enésima vez que el mayor o menor cinismo practicado por sucesivos gobiernos yanquis, es elemento primordial en la continuidad de las acciones terroristas contra la nación caribeña y las dudas acerca del cese del vínculo de la CIA con el criminal Luis Posada Carriles, la fundación nacional gusano-americana (FNCA) y el autoproclamado Consejo por la Libertad de Cuba.
Guiados por su odio visceral a la Revolución Cubana y el pragmático principio de que el resultado justifica los medios, once presidentes norteamericanos, incluido Barack Obama, han apoyado cuanto plan aparezca para destruir al único país comunista del Hemisferio Occidental.
Primero comenzaron a establecer el entramado de leyes del bloqueo con el que por casi medio han intentado vencer a los cubanos por hambre, vicisitudes y desesperación; y luego invadieron por Playa Girón o Bahía de Cochinos, con el desastroso resultado conocido.
Después llegó la Operación Mangosta y la búsqueda desesperada de pretextos para invadir militarmente al pequeño pero molesto vecino, que condujo a la Crisis de Octubre o de los Misiles.
Tampoco el gobierno de los Estados Unidos se detuvo por alguna consideración ética o moral para emplear a las acciones terroristas como otro elemento con el que derrotar al comunismo en Cuba.
En todo ese tiempo, la CIA reclutó, preparó y armó a cuanta organización violenta surgió o fomentó entre el llamado exilio en Florida y dentro de Cuba. La resurgida Rosa Blanca, Alpha 66, Comandos F-4 o el CORU, figuran en el listado de los movimientos apadrinados por la CIA a nombre del Tío Sam.
El ejemplo cimero de ese contubernio Washington-terrorismo anticubano es el connotado Luis Posada Carriles, que se pasea libremente por las calles de Miami en espera de un juicio por un delito menor, cuando contra el pesan las muertes de 73 personas que perecieron en el sabotaje a un avión civil cubano en Barbados y de Fabio Di Celmo, el turista italiano asesinado en un atentado con bombas a un hotel de La Habana.
Quien quiera conocer más, el editorial publicado por Granma da los pelos y señales de la jauría anticubana que tramó, trama y tramará agresiones contra la Isla con el respaldo o, al menos, la cómplice pasividad de la Casa Blanca.
De la desnudez no escapan siquiera “respetados” miembros del Congreso norteamericano, como Lincoln Díaz-Balart, Ileana Ros-Lehtinen, Bob Menéndez y Albio Sires, personajes que, contrario al respeto a las leyes norteamericanas y el derecho internacional a que los obliga sus cargos como legisladores, alientan y patrocinan acciones violentas contra Cuba.
Deténgase el lector tanto en hechos pasados, como los pretendidos, brindados a la luz de las confesiones hechas en La Habana por Francisco Antonio Chávez Abarca, el subalterno de Posada Carriles en Centroamérica, capturado el 1º de julio en Venezuela y deportado días después hacia Cuba, respondiendo a su participación en los atentados con bombas en hoteles habaneros, en 1997.
El editorial reclama no subestimar ni ignorar las revelaciones del detenido respecto a los planes contra las próximas elecciones en Venezuela; las implicaciones de terroristas gusano-yanquis de Miami en los golpes de Estado contra la república bolivariana y Honduras, y las nuevas conjuras contra gobiernos democráticos en Centroamérica.
Insultante es el hecho que las denuncias hechas con pruebas por Cuba han sido siempre despreciadas por la Casa Blanca, al punto que información fidedigna brindada por La Habana al gobierno de Clinton, acerca de las actividades criminales de grupos asentados en Miami, que lograron recopilar Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González, Antonio Guerrero y René González, sirvieron para capturar y condenar injustamente a los cinco héroes antiterroristas.
No por gusto, el artículo señala que el mundo necesita que se imponga la verdad.
Dudamos que Obama tenga valor personal y voluntad política para desentrañar las verdades ocultas. Al presidente del “cambio” tampoco le gusta una Cuba socialista en las narices del imperio.
Es la soberbia del imperio la que queda una vez más expuesta en la denuncia de Cuba y su obcecada intención de derrotar a la Revolución Cubana a como de lugar.
Son las incuestionables razones de Cuba.











