
Dos aviones de Cubana de Aviación llevaron a 142 asesores a Brazzaville, la capital de la República del Congo.
El 11 de octubre, el buque La Plata atracó en Punta Negra con otro grupo de combatientes, armas y materiales a emplear en los Centros de Instrucción Revolucionaria (CIR), previstos a abrir en el enclave de Cabinda, y en las cercanías a las ciudades de Benguela, Henrique de Carvalho (hoy Saurimo) y Salazar (N´Dalatando).
La cooperación obtenida por Fidel Castro del líder congolés Marien Ngouabi fue clave en la ejecución del plan, “mucho más serio” al decir de los líderes del MPLA, diseñado por el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana para enfrentar la amenaza para la independencia de Angola que representaba la intervención foránea en apoyo a las organizaciones fantoches de la UNITA y el FNLA.
Los temores de que la naciente república angolana perdiera Cabinda y su riqueza petrolera demandaba el envío de un número importante de instructores al enclave y eso no era posible entonces sin el apoyo del gobierno de la República del Congo, el único país que limitaba con Angola que no era hostil al MPLA.
La cuestión era que las tropas coloniales portuguesas presentes aún en Angola, seguían ocupando los puertos y aeropuertos de la nación.
Llegar a Cabinda sin contratiempos sólo era posible a través del Congo.
Una década atrás, 220 militares cubanos habían llegado a ese país formando el Batallón Patricio Lumumba, bajo el mando de Jorge Risquet, con los propósitos de ser la reserva de la columna internacionalista comandada por el legendario Ernesto Che Guevara en Zaire, así como entrenar a los combatientes del MPLA y defender al gobierno local de cualquier intentona golpista o agresión desde el vecino Zaire..
En aquel momento jugaron un papel decisivo en la solución de un conflicto interno provocado por la degradación del entonces capitán Marien Ngouabi, jefe del batallón de paracaidistas del pequeño ejército congolés. La revuelta surgida concluyó sin grandes trastornos y la restitución del oficial, gracias al poder disuasorio del contingente militar cubano.
Convertido años después en el jefe del Estado, Ngouabi pensó en apoyar la existencia de una Cabinda independiente de Angola.
Pero en septiembre de 1975, durante su visita oficial a La Habana y conversar con Fidel Castro, el mandatario congolés abrazó la idea de que Angola se emancipara, preservando su integridad territorial.
Reconoció que de no ser así, el enclave petrolero caería en manos del régimen dictatorial de Mobuto, en Zaire, escoltado por los Estados Unidos, Francia y Sudáfrica.
Desde ese momento, Brazaville brindó a Neto y su organización un respaldo inalterable y sirvió de retaguardia segura a los combatientes angolanos y los instructores cubanos que los asistirían en la defensa de Cabinda.
En ese papel de firme aliado, el Congo de Marien Ngouabi brindó todo tipo de auxilio a la recepción de las tropas, armas y otros recursos llegados por aire o mar desde la Isla caribeña en ayuda al MPLA.
Dos semanas después de su encuentro con Fidel Castro en La Habana, llegaron los dos aviones cubanos a Brazaville con los primeros asesores militares, destinados a impedir la secesión de Cabinda.
Otros dos barcos enviados desde Cuba, el Vietnam Heroico y Coral Island, atracaron el 5 y 8 de octubre, respectivamente, al sur de Luanda.
Además de los asesores, los tres buques llevaron armas y equipos para los Centros de Instrucción Revolucionaria, donde en plazos de tres a seis meses se formarían unos cinco mil 300 combatientes del MPLA.
“He dado los pasos necesarios para iniciar los entrenamientos el 15 de octubre”, informa el Jefe de la Misión Militar Cubana en Angola, primer comandante Raúl Díaz Argüelles, al viceministro primero de las FAR, primer comandante Abelardo Colomé Ibarra.
Lo hace con la determinación de la premura y a pesar de difíciles condiciones existentes en cuanto a transporte y apoyo logístico para ubicar oportunamente a los instructores, armas y otros materiales en los lugares previstos.
A mediados de octubre de 1975 ya estaban en ese país casi medio millar de militares cubanos, incluidos los 17 miembros de una brigada médica.
Pero desde fines de septiembre se avizoraba que el número aumentara en otro centenar, pues Moscú había prometido al MPLA el envío de lanzacohetes múltiples BM-21, tanques T-34, piezas de artillería, carros blindados y dos aviones, para los cuales el movimiento de Neto solicitaba las dotaciones y especialistas para operar ese armamento.
Mientras esos acontecimientos sucedían, en La Habana, Fidel Castro pensaba en una posible intervención masiva de militares cubanos en Angola, a pesar de la oposición de la dirigencia soviética.
La guerra civil entre el MPLA y sus oponentes se había exacerbado a tal punto que Portugal anunció que sus tropas abandonarían el país el 11 de noviembre de 1975 y no el 29 de febrero del siguiente año, como fijó inicialmente el acuerdo de Alvor.
La UNITA y el FNLA, tenían el apoyo en armas, asesoría y dinero de los Estados Unidos y la Sudáfrica del apartheid, mediante operaciones encubiertas y contando con la complicidad del dictador zairense Mobuto.
Aún así, Agostinho Neto y sus seguidores estaban derrotando a sus enemigos, ampliando cada vez su control sobre Angola.
El líder de la Revolución Cubana, en esas circunstancias estaba convencido de la necesidad de enviar más tropas para reforzar la Misión Militar en Luanda, pero luego de declarada la independencia por el MPLA, el 11 de noviembre.
Un grave acontecimiento lo obligó a cambiar de opinión.











