En el Día Mundial de la Paz
Guantánamo.- Un reclamo se escucha por las calles y caminos del planeta. Urge y anda en los brazos de los pueblos, cansados ya de injusticias y violencia.
El clamor no tiene límites, exige que cese las hostilidades y el fuego; es la paz cercenada, tantas veces, por el odio y la codicia y que desde el día escogido para su celebración, junta a razas, credos y sexos en una gigante y esplendorosa marcha contra la guerra.
Fue el 7 de septiembre de 2001 cuando la Asamblea General de Naciones Unidas resolvió que, a partir del 2002, el Día Internacional de la Paz sería observado cada 21 de septiembre, fecha en que cesaría el fuego y la violencia en todo el mundo.
La conmemoración se inscribiría para los pueblos como motivación para el término de hostilidades durante las 24 horas que acompañaría esta jornada, y al mismo tiempo, serviría de ocasión para el desarrollo de actividades educativas, a fin de sensibilizar y concientizar a las personas para alcanzar dicho propósito.
Lo cierto es que la efemérides convida a un alto en la azarosa realidad que viven muchas naciones en el planeta, en las que sus gobernantes parecen desoír los tristes lamentos de generaciones enteras, condenadas por tiempo al pesado cardo de sueños truncados por el monstruo de la guerra, la tortura y la violencia.
Sufrido, todavía, todo el orbe recuerda a Hiroshima y Nagasaki con sus muertos acuestas, heridos y afectados hasta hoy. El horrible episodio permanece intacto en las mentes de quienes sobrevivieron y de quienes vemos repetir por algún medio audiovisual, una y otra vez, tan desastrosas imágenes.
El Día Internacional de la Paz dedica sus esfuerzos a fortalecer los ideales de armonía, tolerancia y respeto entre los diferentes países; sin embargo, es muy lamentable que a estas alturas, en pleno siglo XXI, la Humanidad esté al borde de una Tercera Guerra Mundial, nuclear por demás, que ocasionaría daños aún inimaginables, teniendo en cuenta el desarrollo armamentístico que logran las principales potencias.
El desarme nuclear y la no proliferación de este tipo de armas, sería el único camino pausible para la verdadera defensa de los principios que establece la Organización de Naciones Unidas, como requisito fundamental para el pleno disfrute de los derechos humanos por todas las personas que habitamos la tierra.
Que la sensatez humana haga suyo, de manera permanente, el llamado que invita este día, el de la paz, para salvar al mundo del holocausto nuclear y hacer realidad los sueños del presente y del mañana.
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