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Guantánamo.- No hay peor cuña que la del mismo palo, reza un refrán muy popular en Cuba. La lección más reciente la dieron un grupo de cipayos criollos que se presentaron en Bruselas para rogarle, léase bien, rogarle a la derecha europea a que mantengan la muy pro-yanqui “posición común” de la Unión Europea hacia Cuba.
Incluso un tal Normando Hernández y el grupito de mercenarios se dieron el lujo de criticar al actual gobierno español por su deseo de modificar tal postura injerencista, atenazada en el cuello de la UE desde 1996 gracias al empeño particular de José María Aznar, durante años el escudero de la Casa Blanca allende el Atlántico.
Gracias a esa “posición común”, los gobiernos de los 27 condicionan sus relaciones con La Habana a los avances democráticos y en materia de derechos humanos, según la visión que de esos asuntos tienen en Washington.
No olvidar que el caballerito Aznar es un defensor a ultranza de las políticas dictadas por Uncle Sam, “cualidad” de la que hizo gala al apoyar de forma irrestricta la decisión de Bush, el hijo, de agredir a Iraq con el “democrático” pretexto de tener las armas de destrucción masiva que nunca aparecieron.
Cuando, al parecer, el sentido común comienza a asomar en el asunto y se dice que el 25 de octubre venidero la UE discutirá si poner fin a la “posición” también común, el grupo conservador de la Eurocámara llevó al grupito de cipayos a Bruselas a implorar que el bloque no renuncie a tal enfoque impertinente y prejuiciado que Cuba rechaza de forma inconmovible por representar una intromisión flagrante en los asuntos internos del país.
Los patrocinadores de la “gira” son el conservador Partido Popular Europeo y la subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, ese que condenó al pueblo cubano por no ceder al chantaje de un delincuente de comprobado historial, convertido en “luchador por la libertad”, como muestra fehaciente de la falta de líderes, programa alternativo y base social que carcome a la contrarrevolución interna.
El corito de apóstatas forma parte de los 52 mercenarios al servicio de los Estados Unidos que el gobierno del presidente Raúl Castro accedió de forma soberana a liberar recientemente, en un diálogo con la alta dirigencia de la Iglesia Católica.
Los resultados de esa plática fueron apoyados por el canciller español Miguel Ángel Moratinos, principal impulsor de un cambio de política de la UE hacia la única nación comunista del hemisferio occidental.
Ante el temor de que la UE de fin a la coyunda con Washington, los “mártires” Made in USA fueron llevados a Bruselas a rogar que los 27 sigan acompañando al imperio en su determinación de martirizar de verdad a los cubanos que, de forma mayoritaria, apoyan a la Revolución.
Como siempre, agitaron blasfemias.
El tal Normando habló de “prisioneros políticos que están languideciendo en las cárceles”. La expresión dramática y ambigua que induce a errores como los de considerar que no son mercenarios pagados por el gobierno yanqui y elementos extremistas de la mafia gusano-americana, y que su número es de miles, algo a todas luces incierto.
Otro de los lacayos, uno llamado Antonio Díaz, gimió que fue desterrado y que ha tenido que ir a Europa a decir lo que piensa. Simplemente ridículo.
Sus anfitriones conservadores les dieron palmaditas en los hombros y les juraron por su madre que pedirán a los líderes de la derecha europea a que se opongan a cualquier cambio en la política contra la Isla digna e independiente.
A Cuba ni le ni le viene lo que digan en Bruselas esos siervos del imperio, liberados por la justicia revolucionaria cuando cumplían debidas condenas por servir a un gobierno enemigo en contra de su propia nación.
Invocar a José Martí cuando se habla de viles es casi un pecado, pero el Héroe Nacional cubano es uno de los obligados ejemplos que sintetiza lo que es en realidad un verdadero de luchador por la libertad, un patriota cabal.
Defendió sus ideas en su patria y fuera de ella; aunó esfuerzos y voluntades en pro de la emancipación de un pueblo contando con el dinero aportado centavo a centavo por sus compatriotas, y ofrendó su vida en la contienda que organizó.
Aclaro que cimero como el de Martí hay otro en Cuba. Pero a miles de años-luz están Normandito, Tonito y el resto de la comparsa. Sacrificios de esa índole no formaron ni formarán parte de su imagen de “freedom fighter”, dicho en inglés con toda intención.
El papel que les gusta jugar es el de los bufones que fueron a Bruselas a, en nombre de sus amos, implorar a la UE que acompañe al imperio en la pretensión de derrotar de manera humillante a la Revolución Cubana. Ese es el llorar los cipayos.
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El llorar de los cipayos
Periodista: Singh Castillo (Comentario, 14-9-10)
No hay peor cuña que la del mismo palo, reza un refrán muy popular en Cuba.
La lección más reciente la dieron un grupo de cipayos criollos que se presentaron en Bruselas para rogarle, léase bien, rogarle a la derecha europea a que mantengan la muy pro-yanqui “posición común” de la Unión Europea hacia Cuba.
Incluso un tal Normando Hernández y el grupito de mercenarios se dieron el lujo de criticar al actual gobierno español por su deseo de modificar tal postura injerencista, atenazada en el cuello de la UE desde 1996 gracias al empeño particular de José María Aznar, durante años el escudero de la Casa Blanca allende el Atlántico.
Gracias a esa “posición común”, los gobiernos de los 27 condicionan sus relaciones con La Habana a los avances democráticos y en materia de derechos humanos, según la visión que de esos asuntos tienen en Washington.
No olvidar que el caballerito Aznar es un defensor a ultranza de las políticas dictadas por Uncle Sam, “cualidad” de la que hizo gala al apoyar de forma irrestricta la decisión de Bush, el hijo, de agredir a Iraq con el “democrático” pretexto de tener las armas de destrucción masiva que nunca aparecieron.
Cuando, al parecer, el sentido común comienza a asomar en el asunto y se dice que el 25 de octubre venidero la UE discutirá si poner fin a la “posición” también común, el grupo conservador de la Eurocámara llevó al grupito de cipayos a Bruselas a implorar que el bloque no renuncie a tal enfoque impertinente y prejuiciado que Cuba rechaza de forma inconmovible por representar una intromisión flagrante en los asuntos internos del país.
Los patrocinadores de la “gira” son el conservador Partido Popular Europeo y la subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, ese que condenó al pueblo cubano por no ceder al chantaje de un delincuente de comprobado historial, convertido en “luchador por la libertad”, como muestra fehaciente de la falta de líderes, programa alternativo y base social que carcome a la contrarrevolución interna.
El corito de apóstatas forma parte de los 52 mercenarios al servicio de los Estados Unidos que el gobierno del presidente Raúl Castro accedió de forma soberana a liberar recientemente, en un diálogo con la alta dirigencia de la Iglesia Católica.
Los resultados de esa plática fueron apoyados por el canciller español Miguel Ángel Moratinos, principal impulsor de un cambio de política de la UE hacia la única nación comunista del hemisferio occidental.
Ante el temor de que la UE de fin a la coyunda con Washington, los “mártires” Made in USA fueron llevados a Bruselas a rogar que los 27 sigan acompañando al imperio en su determinación de martirizar de verdad a los cubanos que, de forma mayoritaria, apoyan a la Revolución.
Como siempre, agitaron blasfemias.
El tal Normando habló de “prisioneros políticos que están languideciendo en las cárceles”. La expresión dramática y ambigua que induce a errores como los de considerar que no son mercenarios pagados por el gobierno yanqui y elementos extremistas de la mafia gusano-americana, y que su número es de miles, algo a todas luces incierto.
Otro de los lacayos, uno llamado Antonio Díaz, gimió que fue desterrado y que ha tenido que ir a Europa a decir lo que piensa. Simplemente ridículo.
Sus anfitriones conservadores les dieron palmaditas en los hombros y les juraron por su madre que pedirán a los líderes de la derecha europea a que se opongan a cualquier cambio en la política contra la Isla digna e independiente.
A Cuba ni le ni le viene lo que digan en Bruselas esos siervos del imperio, liberados por la justicia revolucionaria cuando cumplían debidas condenas por servir a un gobierno enemigo en contra de su propia nación.
Invocar a José Martí cuando se habla de viles es casi un pecado, pero el Héroe Nacional cubano es uno de los obligados ejemplos que sintetiza lo que es en realidad un verdadero de luchador por la libertad, un patriota cabal.
Defendió sus ideas en su patria y fuera de ella; aunó esfuerzos y voluntades en pro de la emancipación de un pueblo contando con el dinero aportado centavo a centavo por sus compatriotas, y ofrendó su vida en la contienda que organizó.
Aclaro que cimero como el de Martí hay otro en Cuba.
Pero a miles de años-luz están Normandito, Tonito y el resto de la comparsa. Sacrificios de esa índole no formaron ni formarán parte de su imagen de “freedom fighter”, dicho en inglés con toda intención.
El papel que les gusta jugar es el de los bufones que fueron a Bruselas a, en nombre de sus amos, implorar a la UE que acompañe al imperio en la pretensión de derrotar de manera humillante a la Revolución Cubana.
Ese es el llorar los cipayos.
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