Más que un pasaje crítico, el episodio, en su esencia, añade un mérito al prestigioso sistema de salud de la isla, que al mantener a rayas al dengue, evita se convierta en una enfermedad endémica, a pesar del incentivo de un clima tentador para el insecto, cuyos huevos pueden conservarse en sitios secos durante casi un año y eclosionar inmediatamente si se ponen en contacto con el agua.
Los cubanos tenemos buena memoria, como para recordar que en 1981, la CIA y la mafia terrorista de Miami introdujeron en la isla el dengue, bautizado también como fiebre rompehuesos por la que enfermaron 334 mil 203 personas, de las cuales fallecieron 101 niños y 57 adultos. El enemigo sigue ahí y el mosquito también.
Por eso subir el tono las veces que la cordura exija se justifica entonces, sobre todo con quienes, por su razón de ser, están encargados de velar y preservar nuestra salud. De tal manera, y aunque sepamos de sobra que más del 70 por ciento de los casos de focos del mosquito se descubren en el interior de las viviendas, no debe haber tregua ninguna desde aquel lado.
A menudo, algunos territorios y consejos populares de alta positividad, como San Justo, Sur Isleta o Sur- Hospital, en Guantánamo, batallan al peligroso alado, desplegando un vigoroso y costosísimo dispositivo para su vigilancia y enfrentamiento.
Los últimos meses demostrarían por sí solo esa afirmación. Una aparente tranquilidad, acompañada de elogios por la efectividad guantanamera contra el zancudo, hizo redoblar los esfuerzos por parte de los de vectores y el sistema de atención primaria.
Por eso el asunto se torna peliagudo, pues el mosquito se desplaza de su hábitat más frecuente, en los tanques bajos de las viviendas, hacia nuevos refugios en alcantarillas, registros y fosas; incluso, algunos sitios, como la famosa Zanja del reparto San Justo en Guantánamo pueden ser focos generadores que tributan a la positividad de las casas.
Cuando se detecta el foco, en menos de 72 horas queda eliminado, y se procura reducir los factores de riesgo: salideros de agua, zanjas fétidas sin canalizar, registros tupidos, microvertederos, enyerbamiento en áreas residenciales y de empresas.
Los trabajadores de la Campaña, buscan afanosamente llegar a todos los depósitos de la casa, entrar a las habitaciones y comprobar si los vasos espirituales contienen abate. Ellos deben solicitan la cooperación del morador para permanecer allí el tiempo necesario y hacer su trabajo con calidad.
Esa es una batalla que el sistema de salud cubano, con el resuelto apoyo de su población deberán ganar, a pesar de la complejidad en la que Cuba se mantiene como uno de los pocos países de América Latina donde el dengue no es una enfermedad endémica.











