Este 8 de septiembre, Día Internacional del Periodista, es una buena ocasión para desde nuestros medios de comunicación, dónde quiera que estemos, lancemos al mundo la voz vibrante y militante de un sector comprometido con la verdad, denunciando la barbarie y convocando a la sensatez e inteligencia de los seres humanos.
Julius Fucik, el insigne periodista revolucionario de Checoslovaquia que sufrió las más humillantes torturas fascistas, fruto de las ansias depredadoras del imperio que sucumbió al orbe en la Segunda Guerra Mundial, que fuera ejecutado un día como hoy de 1943, en Berlín, Alemania, permanece en las mentes y corazones de lo mejor de nuestro gremio; es precisamente en su honor que se instituye la fecha que todos celebramos hoy como digno homenaje.
No son casuales las cifras de periodistas asesinados en el ejercicio de su profesión. ¿Cuál será el misterio?, algunos se preguntan y la respuesta balbucea con otra interrogante, ¿se está condenado por decir la verdad? Si es así, entonces, bienaventurado sea el riesgo.
En los años de ocupación de Checoslovaquia por Hitler, Fucick publicó bajo seudónimo valiosos ensayos sobre las figuras más representativas de la cultura democrática de su país, y a pesar de la detención en abril de 1942 por la Gestapo y las persecuciones recibidas, su pluma nunca se doblegaría; ni la censura impuesta por el gobierno checo ni la invasión nazi a su país serían motivos de renuncia a su labor cabal, popular y antifascista. Recordemos su “Reportaje al pie de la horca”, escrito en las cárceles del Nacismo, en Pankrác.
Es en 1968, cuando la Organización Internacional de Periodistas instituye el 8 de septiembre como Día Internacional del Periodista tuvo como propósito reivindicar la lucha de Fucik por un periodismo con compromiso popular, esa es nuestra razón de ser, rindámosle tributo con el cumplimiento estricto de su legado, hoy más que nunca cuando el peligro de guerra nuclear nos asecha.











