Guantánamo.- Claudia Grace Uushona se marcha de Cuba con mucho más que la Orden de la Solidaridad luciendo en su pecho.
Lleva el reconocimiento del presidente Raúl Castro por su destacado trabajo en nuestro país, que ha permitido alcanzar un excelente estado en las relaciones entre la Isla y su patria.
La embajadora del Namibia concluye su misión en La Habana mostrando con orgullo también su gratitud inmensa al pueblo con la historia de mayor altruismo en África.
Claudia es un símbolo viviente del significado del internacionalismo combatiente, la solidaridad y el respeto a los seres humanos demostrado durante años por la Isla digna e independiente en aquel continente.
Muy pocos quizás puedan descubrir en la ahora diplomática a uno de los sobrevivientes de la acción más infame realizada por el ejército de la Sudáfrica del apartheid en Angola: la masacre de Cassinga.
El eco del hecho abominable se apagó tan pronto en los grandes medios de prensa mundiales al punto que de que el propio Fidel Castro tuviera que explicarle lo sucedido a Ignacio Ramonet, durante las extensas conversaciones que dieron lugar al conocido libro “Cien horas con Fidel”. El destacado intelectual y periodista francés no conocía el episodio.
El 4 de mayo de 1978 el dramático acontecimiento cambió para siempre la vida de Claudia Grace Uushona.
Por la determinación, el coraje y la elevada preparación de los combatientes internacionalistas cubanos, Sudáfrica salió derrotada de Angola en marzo de 1976, nación que había invadido en octubre del año precedente, con el apoyo de los Estados Unidos, para impedir que Agostinho Neto y el MPLA proclamaran la independencia de la ex-colonia portuguesa.
La supuesta superioridad de los blancos en África entonces fue hecha añicos por soldados mestizos y negros provenientes de Cuba.
Herido su orgullo en lo más profundo, durante los siguientes dos años Pretoria continuó hostigando a la patria de Neto con el pretexto de repeler a las fuerzas guerrilleras de la Organización del Pueblo de África Sudoccidental (SWAPO, por sus siglas en inglés), que luchaban por la liberación de Namibia del yugo racista.
Mediante violaciones del espacio aéreo e incursiones de patrullas terrestres en el sur de Angola, el régimen del apartheid brindaba el apoyo necesitado por el cabecilla Jonás Savimbi y su fantoche UNITA para dominar áreas del sudeste del país y desestabilizar al gobierno.
En aquella época, Luanda era retaguardia segura para los movimientos patrióticos que luchaban contra los racistas. Brindaba un apoyo decidido a namibios, zimbabwenses y sudafricanos en la guerra contra los regímenes segregacionistas que oprimían a sus países y pueblos.
Desde el fracaso de su invasión en 1975, Sudáfrica no se había atrevido a golpear en la profundidad del territorio angolano.
Pero el 4 de mayo de 1978, aproximadamente a las 7:00 am, una docena de cazas Mirage, cuatro aviones de transporte C-130 y ocho helicópteros de la Fuerza Aérea Sudafricana iniciaron un cruento y criminal ataque contra Cassinga, el campamento de refugiados de la SWAPO en Angola, donde se encontraban Claudia Grace Uushona y su familia.
Insatisfechos con el bombardeo y ametrallamiento a personas indefensas, los racistas desembarcaron dos compañías de infantería para completar la matanza en el lugar, ubicado a unos 250 kilómetros al norte de la frontera con Namibia.
Al concluir la mañana, habían asesinado a 600 refugiados, la mayor parte niños, mujeres y ancianos. Otros 350 sufren heridas, entre ellos la niña Claudia.
Enterados de la artera agresión, una columna de los combatientes internacionalistas cubanos acantonados en Chamutete, al sur, salió hacia la zona del desembarco para repeler el ataque.
Largo y doloroso resultó para los cubanos el viaje por los apenas 15 kilómetros que separan a ambos sitios.
Carentes de los medios antiaéreos necesarios, los soldados cubanos entablaron un desigual combate contra la aviación racista. Los intensos golpes aéreos y las minas situadas en el recorrido cobraron la vida a 16 de ellos e hirieron a otros 76.
Sólo la tenacidad y la valentía que caracteriza a los cubanos hicieron posible que la tropa se sobrepusiera a los encarnizados ataques de los aviones sudafricanos y se acercaran indetenibles a Cassinga.
A los racistas no les quedó otra cosa que reembarcar las tropas aerotransportadas y retirarse de manera precipitada hacia sus bases en Namibia.
De no haber sido por este supremo acto de coraje y empeño, el saldo de la masacre hubiera sido peor.
Con su avance intrépido, los combatientes cubanos contribuyeron a salvar las vidas de los refugiados heridos y de aquellos que lograron huir hacia los bosques cercanos, entre ellos Claudia Grace Uushona.
Hasta el enemigo tuvo palabras de elogio a su acción heroica.
“Los soldados sudafricanos que monitoreaban su avance aquel día, rinden homenaje a la valentía de los cubanos que siguieron avanzando a pesar del peligro constante de ser aniquilados por los ataques de la aviación, contra la cual no tenían defensa alguna”, escribió un historiador de ese país cuatro años más tarde.
Claudia y otros niños sobrevivientes de la matanza de Cassinga fueron traídos a Cuba. Con ellos se fundó la primera escuela de la SWAPO en la Isla de la Juventud, convertida en el mayor centro del mundo para acoger becarios pertenecientes a países del Tercer Mundo, gracias al altruismo infinito de Fidel Castro.
En la ceremonia en la que el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla impuso la Orden de la Solidaridad a la ahora embajadora de Namibia, la viceministra de Relaciones Exteriores, Ana Teresa González Fraga, argumentó que el reconocimiento respondía a la valiosa contribución de la diplomática al fortalecimiento de las relaciones bilaterales desde que asumió sus funciones en 2004, y a su trabajo incasable de apoyo a la Revolución.
“Soy un fruto de la Revolución, a ella debo mi vida, pues fui rescatada por los combatientes internacionalistas cubanos en Cassinga y gracias a la generosidad del Comandante en Jefe Fidel Castro, junto a otros niños fui trasladada a esta isla donde me curé, crecí, me eduqué y luego regresé como representante de mi querida Patria”, afirmó categórica Claudia Grace Uushona en su discurso de agradecimiento.
De la militante combativa y fraternal amiga, de la niña salvada por los cubanos en Cassinga, no se podía esperar otra respuesta.













