Al rato, Albertico no pudo con la fuerza de la costumbre e introdujo su índice en la copa de cerveza del padre, que sin tapujos obsequió a su retoño no solo una sonrisa cómplice sino la copa rebosada de bebida como recompensa por aquel acto incipiente «virilidad» etílica.
La escena del brindis entre el niño de cinco años y su progenitor transcurrió sin mucha estupefacción de los allí reunidos, quienes entre risas y anécdotas de similares episodios celebraron el ingreso a su club del nuevo «curdita».
El hecho suele repetirse con inusitada frecuencia en los círculos familiares de la más oriental provincia cubana, asegura la doctora Santa Valiente Muñoz, siquiatra del equipo de salud mental del Consejo 9 de la zona Sur de la ciudad de Guantánamo, un entorno geográfico vigilado por las autoridades sanitarias, entre otras vulnerabilidades, por su propensión al consumo desmedido de alcohol en cualquiera de los grupos etarios.
La experta en ese asunto asegura que a barones y hembras se les incita desde muy temprana edad a consumir bebidas alcohólicas a veces con argumentos tan descabellados como necesidad de que vayan aprendiendo a defenderse en la vida.
«Se ve como algo bonito, necesario y conveniente, sin avizorar el riego y las consecuencia de que sin estar aún conformada su personalidad se inicien como alcohólico sociales; no lo conciben como un potencial problema», asegura la experta en el asunto.
doctora Valiente identifica como lo más lamentable las reticencias de los adolescentes y sus padres para acercarse a los especialistas que en cada área de salud; « por el número de los que va a consultas dijera que no hay alcoholismo en los jóvenes, los padres no avizoran el riesgo, y muchas veces no lo llevan al médico, y esos adolescentes no van por su cuenta, son los padres quienes los llevan.»
Tal vez por eso Fernando, un mozalbete de apenas 15 años, alumno de una secundaria del Guaso, no cree tener nada que ver con el alcoholismo aunque reconozca que bebe casi todos los días y más en vacaciones donde son frecuentes «las fiestecistas donde comparto con las jebitas y los consortes», argumenta el muchacho.
Fernando recuerda su primera borrachera a los 11 años, tras una «jodedera entre socios» donde mezcló todo tipo de bebidas y al otro día entre vómitos y mareos todos en su casa estaban asustados, pero la sangre no llegó al piso y «le cogí la vuelta», aunque cayó en la cuenta de que prefiere la cerveza sobre el ron y los licores.
Hace apenas unos meses se anotó otra curda gorda, también a base de rones, de dudosa calidad, con todo el daño que les hacen. Su historia dista en magnitud de la Ruber Cuello, otro adolescente de Jamaica, quien no acostumbra a beber, pero últimamente se da sus traguitos con los socios del barrios para no desentonar: « en los carnavales me excedí un poco y llegaron los dolores de cabeza, por tanta cerveza aguada y rones, si bien mis padres me aconsejan que no tome», reconoce.
Para la doctora Valiente como regla, los adolescentes alcohólicos, generalmente, son de familias disfuncionales, padres reclusos, padres divorciados, muchachos que interrumpieron sus estudios y confluyen en las plazas y lugares públicos a beber sin control alguno del núcleo familiar.
«En esa etapa- asegura la experta- aparecen otras vías como la asertiva, quieren enamorar a la muchachita y pretenden desinhibirse con los tragos; corren más riesgos de convertirse finalmente en alcohólicos; cometen delitos bajo de los efectos de la bebida, violaciones, agresiones, y homicidios.
« Es la edad donde experimentan la necesidad de reconocimiento social, acentuación del machismo, casi siempre al alcohol le acompaña el cigarro, por eso decimos que es la puerta de entrada a otras drogas.
«Siempre les decimos que el ron ni los hace más hombre ni más mujeres,- agrega la psiquiatra- tenemos evidencia de mujeres que bajo los efectos de la bebida se involucraron con hombres que jamás pensaron hacerlo; luego contrajeron enfermedades venéreas, y otras, además de desatender a los hijos, descuidar su apariencia personal, tanto que la edad biológica difiere muchísimo de su apariencia; cambian de pareja frecuentemente, pierden el brillo del pelo, la lozanía de la piel y, encima de eso, se resisten más a asistir a la consulta», detalla la especialista.
La doctora Valiente se lamenta de que aún con los esfuerzos del sistema de salud en cada área resulta baja la percepción del riego de convertirse en una persona adicta al alcohol «algunos creen que el alcohólico es el que esta en la calle sucio, maloliente y no comprenden que si bebes con frecuencia en la semana o vas aumentando la cantidad diaria, te lleva a un abuso alcohólico o un alcohólico perjudicial o una dependencia alcohólico o una dependencia complicada, como se clasifica por quienes manejamos el tema»
Reconoce que en Guantánamo «influyen aspecto idiosincrásicos, el machismo, la marginalidad, las escasas opciones recreativas, el contexto social, el nivel cultural y la falta de conocimiento de sus consecuencias, (demencia, psicosis, deterioro alcohólico, el envejecimiento más rápido), mientras alerta que «los padres debemos orientar a los hijos, enseñarle que no están aún preparados para beber y que ello no lo hace mejor persona, sino lo contrario».











