La oriental provincia de Guantánamo, a casi un millar de kilómetros de La Habana, constituye un escenario atractivo para los toxinólogos, como se denomina a los expertos en el estudio de microorganismos, animales y plantas capaces de elaborar productos utilizables por el hombre en beneficio propio.
A ese encanto no escapó Misael Bordier, licenciado en biología, quien hasta su fallecimiento en un accidente del tránsito el 19 de noviembre de 2005, encabezó un grupo multidisciplinario guantanamero, a quien se debe el anticancerígeno Escozul.
El producto fue confeccionado a partir de la toxina diluida del alacrán que con notorio éxito y repercusión mundial comercializa ahora El Grupo Empresarial Laboratorios Biológicos Farmacéuticos (LABIOFAM).
Ese centro científico cubano estudia actualmente el efecto antinflamatorio y analgésico del veneno de alacrán en células cancerosas y anunció una nueva línea de investigación para demostrar el impacto directo de la toxina en la reducción de tumores.
La investigación sobre los efectos del veneno del Rophalorus Junceus, un escorpión endémico de Cuba, tomó un nuevo giro cuando los científicos lograron aislar tres proteínas de bajo peso molecular que tienen una marcada inhibición del crecimiento de las células malignas, sin causar efectos secundarios, según declaró recientemente el doctor José Antonio Fraga Castro, director del Grupo Empresarial Labiofam, donde se realiza el estudio.
DESDE 1993
El biopreparado fue registrado por la entonces Oficina Cubana de la Propiedad Industrial (OCPI) en 1993, es decir, unos 12 años antes del deceso de Bordier, ocurrido cuando viajaba hacia la Habana para presentar al Ministerio de Salud Pública el protocolo de ensayo clínico sobre Escozul, del cual entregó al periodista un ejemplar.Escozul mereció de OCPI la definición de “componente anticancerígeno que tiene novedad, actividad inventiva y aplicabilidad".
Un informe científico sobre las características físicas, químicas y biológicas del producto advierte que "su evaluación farmacológica como agente antitumoral requería repetibilidad, con el objetivo de darle significación estadística".
En el dictamen se recomienda a Bordier y al resto del equipo, ampliar el estudio a otros tumores trasplantables y continuar ensayos en diversidad de especies animales, y se reconoce como hecho comprobado la inocuidad del medicamento y sus propiedades antinflamatorias y estabilizadoras del sistema inmunológico.
A pesar de no contar con suficiente apoyo institucional, el colectivo encabezado por Bordier ya había cumplido muchas de esas recomendaciones, en la fecha que una simple cuestión de arterias, un infarto ocurrido en el ómnibus en que se dirigía a la Habana, para ser exactos, hacia el Centro para el Control Estatal de la Calidad de los Medicamentos (CECMED), lo privó de ver hecho realidad el sueño de su vida.
Lo acompañaba el citado documento, cuya validación se proponía obtener en esa institución del Ministerio de Salud Pública y el cual se titula “Evaluación Clínica de la Toxina del Escorpión Rophaluros Junceus (Escozul), en pacientes con diferentes tipos de neoplasias malignas”.
Para entonces , ya había sido aplicado con resultados satisfactorios en más de cinco mil personas, ese producto que había pasado a formar parte un proyecto de investigación de la Facultad de Ciencias Medicas y del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente en el territorio.
Aunque restaban otras fases indagatorias, sorprendía a los expertos, el alto porcentaje de recuperación en personas vírgenes de quimioterapia tratadas mediante la aplicación oral del veneno diluido de escorpión, con el fin de curar el cáncer, inflamación pélvica, mal de Parkinson e insuficiencia renal, entre otras enfermedades.
UN POCO DE HISTORIALa tumoración maligna padecida por Omar Londres Aguilera interesaba -según el diagnostico medico- el estomago, hígado, intestinos, ganglios y un riñón, y había sido tratada sin éxito en instituciones especializadas, cuando en l991 los padres consienten en que se le aplique un biopreparado a base de la toxina de alacrán azul (Rhopalurus junceus).
Esta decisión marcaría un hito en la medicina guantanamera y en la vida de aquel joven quinceañero, el primer ser humano en quien se ensayo en Cuba con fines curativos la ponzoña del escorpión, luego de siete anos de paciente experimentacion en ratones albinos de uno y otro sexos, procedentes del Centro Nacional de Produccion de Animales de Laboratorio.
Casi 15 años después, el expediente de Omar -reincorporado a la sociedad en plenitud de facultades- constituyó una partícula en los mas de cuatro mil archivados en la Facultad de Ciencias Medicas guantanamera, en la que se desempeñaba como Misael Bordier.
El científico evocó en una entrevista la desesperacion con que llegaron a verlo Omar y sus padres, los vomitos y convulsiones que padecia constantemente el joven, los cuales desaparecieron desaparecidos dos semanas despues, tras el suministro diario por via oral de una dosis de 90 gotas de la toxina.
"Para esa fecha -refirió entonces- el paciente ya no vomitaba, ingería normalmente los alimentos y aumentaba de peso por jornada.
Omar falleció en 2004, con una aceptable calidad de vida.
Muchos de esos “sobrevivientes” que –parafraseando la famosa poesía de Fernández Retamar- debieron su “sobrevida”, a Bordier y a sus colaboradores, asistieron a la manifestación de duelo popular que constituyó el sepelio del científico.
Muestra de agradecimiento que, por otras vías, sería aconsejable que imitaran las instituciones que se han ocupado –después de Bordier-, por uno de los arácnidos más famoso, desde el punto de vista médico, que existe en Cuba y todo el planeta.
Estamos seguros de que LABIOFAM, la Universidad de La Habana, el Instituto Pedro Kourí y el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, a la hora de hacer el recuento de sus logros, estamparán en mayúsculas la contribución del humilde científico guantanamero a los avances que se experimentan en las investigaciones que se desarrollan en torno al Alacrán Azul o Colorado, que es definitiva su color.













