
Lo hacen a sabiendas que niegan la verdad de los hechos, corroborada incluso por altos funcionarios del gobierno de los Estados Unidos como el ex-Secretario de Estado Henry Kissinger, a quien nadie cuerdo podrá calificar siquiera de liberal.
El gurú de la política exterior norteamericana en aquellos tiempos le gustaba calificar a los cubanos de “peones soviéticos”.
Cuando afloraron los hechos que confirman que la decisión de La Habana de enviar tropas a Angola fue adoptada de manera total y soberana, Kissinger recapacitó al declarar, transcurridos varios años, que Cuba actuó sin las instrucciones de Moscú de hacerlo contando con el apoyo militar y económico de la Unión Soviética.
“Las pruebas hoy disponibles indican que fue lo opuesto”, fueron sus concluyentes palabras, según cita Piero Gleijeses en su libro Misiones en Conflicto. La Habana, Washington y África: 1959-1976.
Hay que destacar que, luego del rotundo fracaso en Vietnam, en abril de 1975, Kissinger había escogido el conflicto en Angola para demostrar a la URSS que Estados Unidos no era débil e incapaz y que seguía siendo la potencia determinada a conseguir sus intereses en cualquier parte del mundo.
Las palabras del ex-Secretario de Estado reflejan en sí la tácita aceptación de la derrota en Angola a manos de la pequeña Cuba y no del más conveniente Oso Rojo soviético.
En ese mismo título, Gleijeses cita un memorando de septiembre de 1979, de Robert Pastor, experto sobre América Latina, dirigido a Brzezinski, el asesor de Seguridad Nacional del presidente Carter, que dice: “Permítaseme sugerir que intentemos usar un término que no sea “títere soviético” para referirnos a los cubanos. La palabra “títere” indica que los cubanos emprenden sus actividades revolucionarias porque los soviéticos les han dicho que lo hagan. Ese, por supuesto, no es el caso”.
Lo mismo afirma un estudio de inteligencia del propio Consejo de Seguridad Nacional, de octubre de 1976, referido por el mismo autor.
“Cuba no actúa en África exclusiva o siquiera principalmente debido a su relación con la Unión Soviética. Más bien, la política de La Habana hacia África refleja su valores y actitudes éticas revolucionarias y su decisión de expandir su propia influencia política en el Tercer Mundo a expensas de Occidente –léase Estados Unidos”, advirtió el documento mencionado.
Fuentes diversas corroboran que la dirigencia soviética encabezada entonces por Leonid Brezhnev, en agosto de 1975 se negó al pedido hecho por Fidel Castro de colaborar con Cuba en el incremento de la ayuda militar al Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), reconocido como la representación genuina de las ansias de independencia y soberanía del pueblo angolano.
Brezhnev temía importunar a los gobernantes norteamericanos en el momento en que negociaba con ellos la adopción del segundo tratado de limitación de armas estratégicas, el SALT II, y ambicionaba su firma como un éxito de Moscú antes de la celebración del Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, cuya celebración estaba fijada para inicios de 1976.
Para cuando la situación se caldeó en Angola y los Estados Unidos se entrometió alentando la intervención militar de Sudáfrica y el régimen de Mobuto, en el antiguo Zaire, así como envió dinero y armas a los fantoches del FNLA y la UNITA, la dirección de la Revolución Cubana decidió apoyar con arrojo al MPLA, sin contar con la venia de la URSS.
La Habana actuó y luego informó a Moscú.
“La decisión fue nuestra. Lo único que llegó de la Unión Soviética fue su preocupación. Nos la transmitieron en 1975, pero fue una decisión totalmente libre y soberana de nuestro país”, afirmó categóricamente el Comandante en Jefe Fidel Castro en ocasión de la conferencia por el aniversario 30 de la Crisis de Octubre, realizada en capital cubana, en octubre de 1992.
Al intelectual y periodista francés Ignacio Ramonet, en la extensa entrevista que le realizó entre 2003 y 2005, recogida en el texto conocido como 100 horas con Fidel, el líder cubano le dijo al respecto: “Mire, en Angola, cuando nosotros decidimos lanzar la “Operación Carlota”, en ningún momento contamos con una eventual “protección” soviética. A decir verdad, después de la victoria militar, Cuba era partidaria de exigir a Suráfrica un precio fuerte por su aventura, incluida la independencia de Namibia. Pero el gobierno soviético nos presionó fuertemente, solicitando nuestra rápida retirada, preocupado por las posibles reacciones yanquis”.
Esa solicitud de Moscú fue la que impidió en 1976 la derrota total del régimen del apartheid, el establecimiento de la democracia en Sudáfrica y la emancipación de Namibia.
La independencia de La Habana en las decisiones políticas en África se puso de manifiesto el 15 de noviembre de 1987, cuando decidió reforzar la Agrupación de Tropas cubanas en Angola, solicitada de manera urgente por el presidente José Eduardo dos Santos, ante la grave situación que sufrían las mejores unidades de las FAPLA gubernamentales en Cuito Cuanavale, asedidadas por fuerzas sudafricanas y de la UNITA.
Del reforzamiento con 20 mil combatientes más, tanques, artillería terrestre y antiaérea, así como con los pilotos más experimentados de la fuerza área cubana, conoció la URSS sólo en la primera semana de diciembre, cuando era un hecho consumado.
Eran los momentos en que Mijaíl Gorbachov coqueteaba con Reagan y debilitaba el poderío de la Unión Soviética haciendo las principales concesiones en los acuerdos de distensión nuclear que firmaron ambos mandatarios en esa época.
En definitiva, Cuba, ¿fue satélite de la Unión Soviética?
Sin dudas que no.
Más allá de África austral, otro hecho lo corrobora: la Isla digna e independiente se empeña en construir su socialismo, sin rendirse ante el mayor imperio de la historia, cuando han pasado casi dos décadas desde lo que Fidel Castro llamo el “desmerengamiento” de la URSS y sus aliados en Europa Oriental.











