La intriga cuenta con la participación de sectores de poder en la antigua metrópoli portuguesa y varias potencias occidentales.
Con el propósito de abortar el proceso de descolonización desde su propio origen, el complot contempló que los grupos fantoches del Frente Nacional de Liberación de Angola (FNLA), de Holden Roberto, y la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), del cabecilla Jonás Savimbi, intentaran derrotar al Movimiento Popular para la Liberación de Angola.
El MPLA era la única fuerza legítima, combatiente por la verdadera independencia, la unidad y la prosperidad del pueblo angolano. Por esas razones, tenían sus dirigentes la intención de proclamar la emancipación de su patria el 11 de noviembre, fecha en que el gobierno de Portugal había decidido retirarse de manera total del país, adelantándose a la fecha señalada originalmente en el acuerdo de Alvor, del 15 de enero.
Ante esta peligrosa situación, António Agostinho Neto, su máximo líder, se vio en la necesidad de solicitar nuevamente la ayuda solidaria de Cuba. En 1965 y 1966, la cooperación de la Isla había sido con unos pocos instructores encargados de entrenar y asistir a los combatientes del MPLA.
Una década después la situación era mucho más compleja. La administración Ford aprueba la operación encubierta dirigida a apoyar con asesores, armas y dinero a las bandas fantoches de la UNITA y el FNLA, así como al ejército del dictador zairense, para impedir que Neto declare la independencia del país y su organización forme un gobierno que represente de manera legítima los intereses del pueblo angolano.
El Secretario de Estado Henry Kissinger planea la IAFEATURE, determinado a lograr una victoria que acreciente el prestigio de los Estados Unidos y el suyo propio luego de la derrota vergonzosa sufrida en Vietnam, con la caída de Saigón, en abril de 1975.
Para derrotar a la intriga, la máxima dirección de la Revolución Cubana decidió responder afirmativamente a los reiterados pedidos de la dirección del MPLA de enviar instructores, armas, ropa y alimentos para los reclutas.
Neto deseaba la ayuda de alrededor de un centenar de militares y así se lo manifestó al primer
comandante Raúl Díaz Argüelles, jefe de la Décima Dirección de las FAR, que atendía la colaboración con otros países, que viajó a Angola a principios de agosto de 1975 enviado especialmente por Fidel y Raúl Castro para entrevistarse con él.
El 8 del referido mes, el avezado combatiente cubano regresó a La Habana.
Díaz Argüelles le propuso a Fidel Castro establecer una misión militar en Angola integrada por 65 oficiales, 29 clases y soldados, de acuerdo a lo solicitado en Luanda.
Lejos estaban Agostinho Neto y Díaz Argüelles imaginar que el líder de la Revolución Cubana tenía una visión estratégica mayor para defender la independencia de Angola. Si la Isla mandaba a sus hombres, era con fuerzas suficientes para asegurar la victoria del MPLA y poderse defenderse en caso de una agresión
En cumplimiento del sagrado deber de saldar la deuda con nuestros ancestros africanos, traídos como esclavos a la Isla caribeña y convertidos en uno de los pilares de la nación cubana, el primer comandante Raúl Díaz Argüelles volvió a África.
No era la primera vez que lo hacía como combatiente internacionalista: unos años antes había estado en las selvas de Guinea Bissau con el nombre de guerra de Domingos da Silva.
Cuando el 21 de agosto de 1975 asumió el mando de la recién creada Misión Militar Cubana en Angola, lo primero que hizo Díaz Argüelles fue obtener de la dirigencia del MPLA la aprobación del plan de ayuda concebido por Fidel Castro.
Contemplaba el envío de 480 asesores militares para crear cuatro Centros de Instrucción Revolucionaria en los que se entrenarían casi cinco mil 300 combatientes angolanos entre tres y seis meses.
La Habana suministraría las armas de los instructores y sus alumnos, así como el vestuario, calzado, comida, equipos de campaña, medicina y otros aseguramientos para seis meses, con la clara idea de que esos centros comenzaran a funcionar a mediados de octubre.
Siguiendo el modelo cubano iniciado por el Che Guevara en Zaire, los instructores enseñarían y lucharían junto a sus discípulos angolanos, de ser necesario.
Agostinho Neto quedó conmovido al conocer la proposición de Fidel. Lo llamó “un plan mejor” que el ideado por el MPLA.
En ese momento, el líder de la independencia angolana estaba convencido de que los Estados Unidos brindaba ayuda masiva a los fantoches del FNLA y del ejército zairense.
Estar en el escenario del conflicto, le permitió a Díaz Argüelles aquilatarlo con más detalles como no le era posible en aquellos momentos a La Habana, alejada no sólo por el Atlántico, sino además por el insuficiente conocimiento de la situación en Angola.
El ducho primer comandante le preocupó el peligro que representaba en la ecuación un factor no tomado en cuenta al principio: la posible intervención directa de tropas del régimen de la Sudáfrica del apartheid, apoyado por Washington, para evitar la victoria del MPLA y en apoyo de Holden Roberto y Jonás Savimbi.
Díaz Argúelles instó a la máxima dirección de la Revolución Cubana a examinar el despacho de tropas regulares de las FAR, pues tenía la convicción de que la ingerencia de los Estados Unidos en Angola conducirían al inevitable enfrentamiento entre La Habana y Pretoria.











