
Estos jóvenes se casaron oficialmente el 15 de julio de 1988 y desde 1991 prepararon canastilla y otras vituallas para recién nacido.
Tras el encierro de él, luego de un juicio manipulador que aprobó la irracional sentencia de dos cadenas perpetuas más 15 años, han visto frustrada la posibilidad de estar rodeado de la miel del cariño que ofrecen los hijos.
Pero, contrario a lo que el Imperio cree, Gerardo resiste con firmeza y crea con su vasta imaginación, colgada de la imagen de una cigüeña en pleno vuelo, que dibujara en prisión, la Carta a mis hijos que están por nacer.
Así nació un texto enviado años atrás a su esposa Adriana Pérez, que más que un lamento epistolar, es un acto condenatorio a la arbitrariedad, el encierro y la venganza disparados contra Los Cinco y en particular hacia él, por el único delito de luchar contra el terrorismo, flagelo que tanto dolor y sufrimiento ha causado al pueblo cubano.
La sensibilidad de este hombre traspasa los barrotes de la cárcel y
responde cientos de cartas a remitentes admiradores de todo el mundo y entre otras labores, realiza hasta dibujos que envía a los hijos de otros presos.
De ello ofrece testimonio Adriana, quien en el legajo epistolar El dulce abismo, devela el sufrimiento de la pareja ante la imposibilidad, por el momento, de ver materializado el sueño de tener sus hijos.
Y para acentuar más el dolor de la separación entre Gerardo y Adriana, el gobierno de Estados Unidos años tras años le niega el derecho de visitarlo por considerarla una amenaza para la seguridad nacional del Imperio más prepotente y guerrerista que haya conocido la historia de la humanidad.
¡No les vasta con privarlos del amor en pareja, que monstruos!
En las horas en el hueco, castigo que sufre desde el día 21 de julio, aquejado de salud, de lo cual el gobierno estadounidense es totalmente responsable, Gerardo resiste con su férrea firmeza y esperanza.
Y no ceja en su empeño de verse libre más temprano que tarde para regresar a la Patria y cumplir con Adriana el sueño de vivir en pareja, rodeados de varios pícaros bajitos.











