Guantánamo.- Julio llama al recuento por su historia y por frases relacionadas con este mes que trasciende de generación en generación.
Una de ellas, entre las más célebres para los cubanos: “Siempre es 26”, alude a los hechos de aquel 26 de julio de 1953, cuando un grupo de jóvenes armados más de ideas que de pertrechos de guerra, liderados por el entonces abogado Fidel Castro Ruz, asaltaron los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, fortalezas donde se resguardaban los esbirros de la tiranía de Fulgencio Batista, quien ascendió al poder con un golpe de estado el 10 de marzo del año anterior.
Pero en julio también, el día 10, en el año 1902, nace en la central provincia cubana de Camagüey, un mestizo quien pasara a la historia patria como el Poeta Nacional: Nicolás Guillén Batista. Como si fuera poco, el bardo fallece en la Haban el 16, también de julio, de 1989.
Guillén enunció en uno de sus poemas: “Tengo, vamos a ver… lo que tenía que tener”, (Poema “Tengo”, 1964), frase que los cubanos, al igual que la primera mencionada, hicieron suya después del triunfo de enero de 1959.
De recorrido por su obra se nos impone un cuestionamiento: ¿Qué tenía que tener Guillén que no tuvo antes? Una lectura a su biografía nos lo revela.
Un elemento que no puede obviarse es su estatus de hombre “de color” en un Camaguey, y por ende una Cuba, donde era recio el racismo para la época que le toco vivir. Otro, que su padre, periodista y senador, fue asesinado por soldados en la Guerra Civil de 1917.
A mi juicio son cuestiones que marcan la existencia de quien se consagró, desde su propia graduación como bachiller en 1919, a una obra revolucionaria de altos quilates.
Desde la publicación en la revista Camagüey Gráfico, para 1919, de sus primeros versos, después de haber dejado sus estudios universitarios como abogado en la Universidad de la Habana, y su entrada al mundo intelectual, cuando estableció contacto con el grupo literario de Manzanillo presidido por Manuel Navarro Luna y Juan Francisco Sariol, ya se advertía lo que después se hizo realidad. Numerosos poemas del joven Guillén vieron la luz en la Revista Orto que animaba el mencionado grupo.
Hacia 1920 trabaja como corresponsal del periódico Las Dos Repúblicas, que antes había dirigido su padre, y viaja a la Habana donde hace amistad con Rubén Martínez Villena y demás integrantes de la Peña del Café Martí.
En el primer número de la revista universitaria Alma Mater, cuyo "administrador" fue Julio Antonio Mella, Guillén publicó los sonetos "Al margen de mis libros de estudio" que sirvieron para denunciar el estado de un estudiante universitario en aquellos días.
De regreso a Camaguey para 1922 escribe su primer libro de poemas, Cerebro y corazón, que no publicó entonces y que recoge Ángel Augier, (uno de los escritores a quienes se dedica la próxima edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana) en el primer tomo, segunda edición (1965), de su fundamental biografía Nicolás Guillén; notas para un estudio biográfico-crítico.
Tras su regreso a la capital, en 1927, donde residirá permanentemente, abandona su modernismo inicial y publica poemas vanguardistas en Orto.
En la página "Ideales de una raza", del Diario de la Marina, en la cual colabora con numerosos artículos contra el prejuicio racial publica, el 20 de abril de 1930, sus Motivos de son, que provocaron el escándalo literario más trascendental de la república neo-colonial. Sus ocho poemas breves, mediante los cuales el son entra a la poesía como una forma rítmica apoyada en una visión de la gracia, el color y la vida explotada del negro cubano, permitieron a Guillén atraer la atención de crítica y lectores.
La obra de Guillén comienza a difundirse a partir de Sóngoro cosongo que incluye los Motivos, libro que recibe don Miguel de Unamuno con los brazos abiertos. Según exponen sus biógrafos ya éste, su verdadero primer libro, le abre a Guillén las puertas de la consagración.
En textos posteriores la presencia de lo racial cobra una crítica profunda y se torna elemento en que lo nacional se reafirma y enfrenta la penetración imperialista, así como los prejuicios y traiciones de la oligarquía antinacional.
Su "Elegía a un soldado vivo" (1937) es un programa revolucionario sin antecedentes, de ahí que se considere la razón por la cual la poesía de Guillén sea la más plena y terminante expresión de las más legítimas y revolucionarias aspiraciones populares en el período histórico en que se produce.
Cultivador ejemplar de la elegía es Guillén, siendo su obra maestra la "Elegía a Jesús Menéndez".
Otras como "El apellido", "Elegía cubana", "Elegía camagüeyana" y la "Elegía a Jacques Roumain", junto a la "Elegía a Emmett Till" conformaron la sección Elegías de su libro La paloma de vuelo popular.
En 1937, Guillén asiste al Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en Valencia en plena guerra civil española.
Ese mismo año ingresa en las filas del Partido Comunista..
Durante la existencia del Partido Socialista Popular fue miembro de su Comité Nacional y por sus ideas políticas a favor de la revolución proletaria y en contra del imperialismo sufre persecución, prisión y exilio.
Permanece fuera de Cuba desde 1953 hasta 1958, durante la tiranía de Batista, cuando resultó objeto de acosamiento.
Cuando en 1954 le fue otorgado el Premio Lenin de la Paz, Guillén ha viajado intensamente por América, Europa, Asia y África y representado a Cuba en innumerables congresos.
Su obra, de excepcional significación en la literatura de lengua española, ha sido traducida a todos los idiomas y ha merecido comentarios elogiosos y estudios de destacadas personalidades de las letras contemporáneas.
Ya se consagra como periodista fecundo e incansable que colabora en casi todas las publicaciones periódicas cubanas y en las más significativas del extranjero.
Al triunfo de la Revolución cubana regresó de su prolongado exilio.
Ya a principios de 1959, Guillén reanuda sus colaboraciones periódicas en el diario Hoy, Órgano del Partido Socialista Popular, en secciones que aparecen bajo los títulos de "Crónica", "Asperges", "Motivo" y "Sol de domingo".
Cuando en 1961 se celebra en La Habana el Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, fue elegido para presidir la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), institución que nacida de aquel Congreso, preside hasta 1985.
Con motivo de su Aniversario 60, en 1962, las instituciones culturales celebraron actos en su honor, incluyendo una exposición sobre su vida y su obra, en la Biblioteca Nacional José Martí.
En 1972, todo el país celebró su 70 Aniversario. El Instituto Cubano del Libro publicó su Obra poética (1920-1972), en dos tomos, prologada y anotada por su biógrafo Ángel Augier. La celebración de su 80 aniversario en 1982, tuvo resonancia internacional.
La Casa de las Américas publicó el volumen Recopilación de textos sobre Nicolás Guillén en su serie Valoración Múltiple, con una selección y un prólogo de Nancy Morejón, volumen que incluye también entrevistas y dibujos del autor.
La Biblioteca Nacional José Martí publicó la Bibliografía de Nicolás Guillén, preparada por María Luisa Antuña y Josefina García Carranza. Obtiene en Roma el premio Viareggio.
En 1975 le fue conferido el título de Doctor Honoris Causa en Lengua y Literatura Hispánicas de la Universidad de La Habana en atención a sus altos merecimientos literarios, indiscutible maestría en el dominio de la lengua española y por su mantenida militancia revolucionaria.
En este mismo año le fue concedida en Kingston, la Medalla de Oro Musgrave, la más alta distinción cultural jamaicana y fue declarado Huésped Ilustre de la ciudad de Caracas, Venezuela.
En Gran Bretaña, invitado por Arts Council, participó en el Festival de Poesía Internacional, y ofreció lectura de poemas en las Universidades de Londres y Bristol. La Universidad de West Indies de Jamaica le otorgó el título de Doctor en Letras Honoris Causa y la República de Bulgaria el Premio Internacional "Jrísto Botev".
Fue designado miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular.
En 1978 la Universidad de Burdeos le otorgó el título de Doctor en Letras Honoris Causa, mientras que la Universidad de Tabasco, en Villahermosa, México, le otorgó el título de Maestro Emérito y en Ciudad México el Instituto de Bellas Artes el diploma al Mérito Humano.
El instituto Nacional de Cultura de Panamá le concede el Premio Nacional de Poesía "Ricardo Miró", y la Universidad de Panamá un diploma de reconocimiento a los aportes hechos a la cultura hispanoamericana.
El Consejo de Estado de la República de Cuba le otorgó la orden "José Martí", la más alta condecoración del Estado cubano, y el Ministerio Cultural el Premio Nacional de Literatura 1983. Este mismo año recibió Guillén el Premio Mundial de Poesía Asan, concedido por la Asan Memorial Association, de Kerala, India.
En Colombia, en 1984, fue condecorado con la Orden Caro y Cuervo y las universidades del país le otorgaron el título de Doctor Honoris Causa, así como también la Universidad de Guayaquil, Ecuador.
En 1985, le otorgó el mismo honor la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima. Muchos países le han conferido honrosas distinciones nacionales, reconociéndole uno de los grandes poetas de nuestro siglo.
Estas y otras razones hacen que en 1982, el III Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), declaró que Nicolás Guillén "significa el más alto ejemplo actual de vida y obra creadoras, que por su fidelidad inquebrantable a la tradición patriótica y revolucionaria de la cultura cubana, ha sido capaz de expresar, con vigoroso genio artístico, la sensibilidad, el carácter, el proceso histórico y el espíritu combativo de un pueblo, de un ámbito geográfico y de una época".
"Nos enorgullece, agrega la declaración, que esas características excepcionales de su existencia y de su poesía, que le hicieran merecedor a que nuestro pueblo le designara Poeta Nacional, hayan sido determinantes en la vasta difusión de su obra por todo el mundo. Esta vibrante y ardiente poesía... ha sido vertida a los más diversos idiomas y es leída, declamada y cantada por millones de seres en el planeta, porque ha sabido interpretar a plenitud el espíritu de lucha de los hombres de nuestra época, y su esperanza de conquistar una sociedad mejor, basada en la justicia, la libertad y la paz".
Quien afirmó Tengo lo que tenía que tener, en 1964, cuando la joven triunfante revolución comenzaba a cumplir el programa del Moncada, dejó su existencia terrenal en la que había logrado más, incluso: el amor y gratitud de un pueblo que lo recuerda siempre como torrente de nacionalidad y cultura.













