
Visitar este lugar propicia un acercamiento a la historia de lucha del pueblo guantanamero desde la Guerra de Independencia en 1868 hasta el triunfo de la Revolución liberadora, el 1 de enero de 1959.
Un grupo de especialistas guía al visitante por el gigantesco complejo, el cual posee en su interior amplios salones habilitados para la realización de conferencias, talleres y encuentros culturales.
Una música tierna y cubana, compuesta por el pianista Frank Fernández, se escucha en cada rincón de la plaza cuya construcción fue consecuencia de un concurso en el que resultaron ganadores varios artistas guiados por el escultor José Villa Soberón.
En el exterior, la mirada no basta para apreciar la belleza y singularidad de las cinco esculturas que identifican a la Plaza Mariana Grajales de Guantánamo, las cuales cuentan el devenir de un pueblo para lograr su definitiva independencia y soberanía.
Las dos primeras resumen el inicio de la guerra independista por los mambises y resaltan la bravura de hombres como José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo, cuyas heroicas hazañas fueron esenciales para el futuro de la nación cubana.
Ambas se enlazan con una columna central en forma de arco dedicado a la mujer guantanamera y a la valiente madre de todos los cubanos, Mariana Grajales. Es una especie de pórtico que marca la unión entre la antigua ciudad de Guantánamo y el nuevo reparto poblacional que comenzaba a surgir en 1985, denominado hoy El Caribe.
Otras dos columnas finales narran el papel de jóvenes guantanameros en las luchas campesinas de la década del 30 como Lino de las Mercedes Álvarez, quien bajo la consigna de Tierra o Sangre, se alzó en armas en reclamo de su derecho a la tierra, con el apoyo de obreros, intelectuales y estudiantes, obligando al gobierno de turno a pactar un acuerdo favorable al hombre de campo.
Un merecido tributo también concede el conjunto escultórico al mártir de la clandestinidad en Guantánamo, Ivan Abdel Rodríguez, vilmente asesinado por los esbirros de Fulgencio Batista, el 27 de octubre de 1958. Impotentes, los sicarios del tirano, torturaron sin piedad al Jefe de Acción y Sabotaje del movimiento 26 de julio en esta región, hasta dejar su cuerpo inerte, junto a dos de sus compañeros de lucha Jorge López Fariñas y Crecencio Quiala Jarrosay, en las calles San Gregorio y 14 Norte del Reparto Caribe, de esta ciudad oriental.
No podía faltar en la última columna la imprescindible alusión a los hombres y mujeres que integran hoy la Brigada de la Frontera.
Más de cien años de combate, sangre derramada y victoria alcanzada por los cubanos resume esta plaza que próximamente festejará su vigesimoquinto cumpleaños para suerte y orgullo de los guantanameros.











