En Cuba también estamos inmersos en ese mar de pasiones que desata el Mundial, propiciado por el loable esfuerzo hecho por el Estado para regalarnos la transmisión en vivo de los 64 partidos que comprende el segundo más grande evento deportivo a escala planetaria.
Si la FIFA hiciera una clasificación mundial por el tiempo que las televisoras dedican a su mayor evento, nuestro país sin dudas estaría entre los primeros, incluso por encima de buena parte de las 32 naciones que tuvieron el privilegio de clasificarse para la Copa.
Pero también el Mundial ha hecho revivir en muchos seguidores en Cuba del más universal de los deportes el sabor a frustración que deja el futbol nacional.
Opacada por el entusiasmo desatado por el inminente inicio de Sudáfrica 2010 llegó la desilusionante noticia de que en la actualización del ranking universal, publicada por la FIFA el 26 de mayo último, nuestro país aparece en el puesto 126, cediendo un puesto respecto a la publicación precedente del listado. Lo más vergonzoso es que estamos por detrás de estados liliputienses como Granada e Islas Feroe.
Preocupante es que el hecho confirma el hundimiento casi indetenible de la isla en la clasificación del organismo rector de la disciplina en el orbe, desde que en noviembre de 2006 Cuba llegó a ocupar el lugar 46. En no pocos lugares del planeta, esta situación ameritaría un análisis serio y profundo de la labor que realiza la federación criolla.
La causa explícita de ese retroceso es la insuficiente participación de selecciones cubanas en eventos internacionales.
La implícita, son las evidentes carencias del deporte en la isla.
Es cierto que se han hecho esfuerzos por hacer avanzar el futbol cubano, al punto de pretender la clasificación a un Mundial. Incluso hemos llegado a contratar entrenadores extranjeros desde la década de los 60 del pasado siglo, con destaque particular para el peruano Miguel Company, con el que la selección progresó, y lo más decepcionante en el alemán Reinhold Fanz, que duró lo que un merengue en la puerta de una escuela.
No lograr llegar al Mundial de futbol es algo normal para los cubanos y la suma definitiva de los problemas que aquejan al deporte, fundamentalmente aquellos referidos a la preparación técnica de los atletas.
Como promedio, el futbolista cubano no domina el ABC de este juego, ni es virtuoso en el dominio del balón y es impreciso a la hora de golpearlo para definir el gol o hacerle el pase a un compañero en un determinado sector del campo.
En el orden táctico, no domina a plenitud los elementos de la posición en la que se desempeña y ponerla en función del planteamiento táctico del equipo a la hora de atacar o defender. Nuestros jugadores parecen no sentirse bien sin la pelota en los pies y por eso dan la impresión de que todos corren a la vez detrás del balón.
El futbol y sus elementos básicos se aprenden desde edades tempranas, pero si los que deben enseñarlo adolecieron de deficiencias técnicas como jugadores, entonces muy pocos talentos se desarrollan.
No obstante, los hay, como en su momento fueron Regino Delgado o Lázaro Darcourt, pretendidos por clubes foráneos, o lo son ahora Alain Cervantes, Yenier Márquez o Leonel Duarte.
Pero son contados porque se juega muy poco desde las categorías inferiores. El propio campeonato nacional y su sistema por grupos y eliminación por fases, resta cantidad de partidos a los integrantes de las selecciones provinciales que van quedando en el camino.
A eso se agregan las dificultades materiales que afrontan durante el certamen o su preparación. No olvidar la derrota de un inspirado equipo de Guantánamo ante Holguín hace unos años, por carecer de transporte para su traslado, o más recientemente la retirada del equipo de Sancti Spíritus de la Copa Radio Ciudad del Mar, en Cienfuegos, pues el ómnibus en que se movían lo necesitaba el equipo juvenil de boxeo para viajar a un torneo.
Pesa asimismo la escasez de terrenos óptimos para jugar, donde existan además las condiciones necesarias para que la prensa juegue su papel de promotor de la disciplina.
Existen quejas de la desatención a los medios de prensa en cuanto a disponer de la información precisa y oportuna, con reuniones pre-competencia, entrega de nóminas oficiales, resultados de los juegos y comunicados ante cambios extraoficiales.
La gota que colma la copa es la falta de juegos internacionales. Nuestros jugadores apenas chocan con equipos de nivel, lo que les permitiría desarrollar más sus habilidades, el pensamiento táctico en la creación de jugadas y aprender mañas y picardías que logran sus posibles oponentes participando en las extensas ligas de sus países o en clubes foráneos.
En este mes de julio, la selección nacional va a Alemania a jugar...con equipos de las divisiones más inferiores. Muy poco aporta al conjunto y mucho menos impresiona a nuestros rivales del área, no decimos Estados Unidos, México u Honduras, sino Trinidad-Tobago, Costa Rica y hasta el sufrido y devastado Haití.
Sería pecar de tontos si no señalamos que ante la aspiración de tener más roce allende los mares, se oponen las dificultades financieras que tiene el país y, en esas circunstancias, para las autoridades deportivas cubanas la atención prioritaria se centra en deportes con resultados más allá de nuestras fronteras, como el beisbol, algunas disciplinas del campo y pista, judo o el voleibol.
Nos estamos hundiendo en el fondo de la clasificación mundial de la FIFA y persistimos en la política de “desarrollar” el deporte con todo hecho en casa, cuando en el mundo el futbol ha ascendido a la élite por su globalización, fundamentalmente desde la década de los 70 del siglo pasado.
Gracias a ese proceso, los talentos extraordinarios de Leonel Messi y Didier Drogba, por sólo citar dos astros, no hubieran llegado a su plenitud.
Si jugadores y hasta entrenadores cubanos no reciben la oportunidad de ser fichados para desempeñarse fuera del país, el ritmo de progreso será tan lento que mantendremos a Granada e Islas Feroe por delante.
En ese carro se subió hasta la República Popular Democrática de Corea, con su aureola de sociedad cerrada, donde Hong Yong Jo (FK Rostov, Rusia), Jong Tae Se (Kawasaki, Japón) y Ang Yok Hak (Omiya Ardija, Japón) contribuyeron a la clasificación para Sudáfrica 2010.
Donde hay buen futbol de élite es porque se practica masivamente y de forma organizada desde la niñez, cuenta con entrenadores calificados, suficientes terrenos y balones; tiene arraigo no solo en los fanáticos sino además en los medio de prensa, sus equipos compiten regularmente fuera del país y, además, aceptan que sus mejores jugadores se desempeñen en otras ligas.
Alguien responderá que sin eso llegamos a estar en el lugar 46. Cierto, pero la respuesta está en el lugar que ocupamos ahora y a todas luces la situación no parece mejorar
Me atrevo asegurar que no podemos pensar siquiera en avanzar hacia un Mundial en el próximo cuarto de siglo, si no eliminamos esas carencias del futbol cubano.
Seguirá siendo nuestra efímera participación en la Copa de 1938, en Francia, nuestro único aliciente histórico.
Mientras tanto, vivamos como nuestras las pasiones por La Roja o la Orange el domingo 11 de julio, que el más universal de los deportes en la atlética Cuba es una asignatura pendiente.













