La Comisión de Agricultura de la Cámara de Representantes votó por 25 contra 20 para permitir los viajes y ampliar las ventas de alimentos a la isla.
"Me enorgullece decir que el Comité de Agricultura votó este miércoles para poner fin a la miope y fracasada política que limita el acceso de la agricultura estadounidense al mercado cubano", dijo el representante Collin Peterson, del gobernante Partido Demócrata, firmante del proyecto junto a su par Jerry Moran, el opositor Partido Republicano, según reseñó un despacho de IPS.
Supongo que a muchos cubanos les da satisfacción y hasta esperanzas de un cambio real, aunque sea limitado, de la política de su gobierno hacia Cuba.
Con mucha alharaca en abril del pasado año se anunció la decisión del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de eliminar restricciones a viajes y envíos de remesas de los norteamericanos de origen cubano y autorizar a las empresas de telecomunicaciones a hacer negocios en la isla.
La disposición presidencial se presentó como pasos para mejorar las relaciones con La Habana, pero en realidad lo que hizo, en el caso de los viajes y envíos de dinero, fue restablecer el estado de cosas existentes antes de las arbitrarias restricciones impuestas en 2004 por Bush, el hijo, con los aplausos de la jauría anticubana de Miami.
En el segundo aspecto, los hechos concretos no se evidencian y, además, estarán mutilados por las imposiciones del criminal bloqueo económico, financiero y comercial que desde hace medio siglo es el pilar de la política del gobierno yanqui hacia la Isla digna e independiente.
Hay que reconocer que el voto del Comité de Agricultura merece en realidad ser considerado de histórico, como lo calificó el propio legislador Peterson, ya que es la primera ocasión que una propuesta de estas características sale adelante.
En términos prácticos el proyecto Peterson-Moran prohibiría al presidente impedir que un ciudadano viaje a Cuba, elimina la disposición que obliga al gobierno de la isla a pagar al contado y por anticipado los productos agrícolas que compra a los EE.UU. y permite transferencias directas entre instituciones financieras cubanas y estadounidenses.
Los promotores aseguran que es patrocinado por 62 miembros del Congreso y cuenta con el respaldo de una coalición sin precedentes de agricultores, empresarios y organizaciones religiosas y sociales.
Es un indicio de que el sentido común en cuanto a las relaciones con Cuba está ganando adeptos dentro del Congreso, cuyos integrantes son cada vez más presionados por sectores del país que impulsan el fin del bloqueo o, por lo menos, su flexibilización, como sucede con las influyentes Cámara de Comercio de Estados Unidos y la Unión Nacional de Agricultores.
Pero es justo señalar también que el giro que van tomando los acontecimientos son determinados, en primer lugar, por la resistencia del pueblo cubano y su fidelidad a la Revolución, que han hecho fracasar estrepitosamente la obcecada intención de sucesivas administraciones yanquis hacia la nación caribeña.
Hace unos días, un corresponsal extranjero destacado en La Habana recordaba un documento oficial del United States Goverment que esbozaba la estrategia de bloqueo hasta hoy mantenida contra Cuba, consistente en “privarla de dinero y suministros, reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
Si la mayoría abrumadora de los cubanos no demostrara sistemáticamente su unidad en torno a la dirección histórica de la Revolución y al Partido Comunista, el socialismo en Cuba no hubiera resistido los embates yanquis, secundados por la rabiosa mafia miamense y sus títeres en la isla, los mercenarios al servicio de Washington con camuflaje de Freedom Fighters, perdón, quise decir de “luchadores por la Libertad”.
Nos permitimos entonces afirmar que si el Comité de Agricultura de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos votó a favor de permitir los viajes de ciudadanos de ese país a Cuba, tiene que ver con el pragmatismo norteamericano, pero mucho más con las sucesivas derrotas propinadas por Cuba a la genocida política que le ha destinado la Casa Blanca durante medio siglo.
En este instante les recuerdo a los que se entusiasmen con la positiva votación tengan en cuenta que el propio Collin Peterson señaló que el proyecto de ley no anulará el bloqueo que pesa sobre la isla desde hace 50 años, ni permitirá a los bancos estadounidenses otorgar créditos a Cuba, pero sí permitirá a EE.UU. mantener una relación comercial con La Habana como la que tiene con todos los demás países.
Pero, los norteamericanos ¿por fin podrán viajar libremente a Cuba?
Eso habría que verlo, como gusta decir el coronel mambí Elpidio Valdés, el conocido personaje cubano de historietas.
Hasta varios reportes de agencias comparten nuestro escepticismo en cuanto a que la moción llegue a ser votada por ambas cámaras del Congreso estadounidense.
Esas mismas fuentes coinciden en afirmar que es largo y tortuoso camino tendrá el texto antes de llegar al pleno de la Cámara de Representantes y al Senado.
Además ya dieron el grito en el cielo figuras del Senado como el líder de la mayoría, Harry Reid, y el “demócrata” Bob Menéndez. Ambos se oponen abiertamente al proyecto y amenazaron con obstruir su tratamiento en el plenario.
Al momento de redactar estas líneas no contábamos con la seguramente ácida reacción de “símbolos” de la mafia gusano-yanqui y anexionista de Miami, como Iliana Ross-Lehtinen o Lincoln Díaz-Balart, que en otros momentos se confabularon con otros legisladores ultra-derechistas para eliminar artículos en leyes promovidas por mayorías en el Congreso, que proponían cortar los fondos con los que el Departamento del Tesoro niega a los norteamericanos su derecho a viajar a Cuba.
Esos mismos personajes alentaron a Bush, el hijo, a imponer duras restricciones a las ventas de alimentos estadounidenses a la isla, autorizadas en 1999 por Bill Clinton y apoyadas por el Congreso el siguiente año.
Recordemos que gracias a esas imposiciones, el comercio es unidireccional, sujeto a las autorizaciones del gobierno norteamericano, y en el que Cuba no puede pagar con productos nacionales, sino en efectivo y por adelantado, mediante bancos de terceros países.
La iniciativa Peterson-Moran también tiene el camino cuesta arriba por la ambigua postura del presidente Barack Obama al vincular el supuesto deseo de mejorar las relaciones de Estados Unidos con la única nación comunista en el Hemisferio Occidental a la exigencia de concesiones políticas por parte de La Habana.
En los Estados Unidos hay muchas personas decepcionadas con la debilidad mostrada por Obama en este terreno.
Ojalá realmente el optimismo de Peterson al asegurar que "la votación demuestra que el Congreso está listo para cambiar la postura de nuestra nación sobre este asunto", se traduzca en la aprobación del texto que propone junto a Moran.
Decir que ni nos va ni nos viene su aprobación o no, sería negar los innegables beneficios que traería a ambos lados del Estrecho de La Florida.
Lo que si nadie puede dudar que la Revolución no se vendrá abajo porque sea boicoteada la propuesta de Peterson y Moran. El futuro de Cuba, se decide en Cuba.











