
Esa es la cruda verdad que reconocen con toda franqueza las máximas autoridades del país, no obstante mantenerse vivos los principios de la Revolución y gozar del respaldo abrumador de los habitantes de la Isla, a pesar que desde el 19 de octubre de 1960 enfrenta la amenaza cotidiana del bloqueo decretado por el gobierno yanqui para ahogar a la Isla digna e independiente sobre la base del hambre y las vicisitudes.
Por tal razón, el presidente Raúl Castro Ruz está determinado a lograr que la seriedad, eficacia y racionalidad destierren del quehacer económico del país a los vestigios que aún subsisten de voluntarismo, irresponsabilidad, derroche, desidia y hasta falsedad.
Apuntan hacia eso la propia constitución de la Contraloría General de la República, bajo su subordinación directa, y el fortalecimiento de la autoridad del Ministerio de Economía y Planificación como rector del cumplimiento de los planes de producción, servicios e inversiones de todos los Organismos de la Administración Central del Estado.
Las modificaciones en marcha en los Consejos de Estado y de Ministros, con la designación como vicepresidentes de compañeros con una probada fidelidad y amplia hoja de servicios a la Revolución para que se dediquen de lleno a supervisar y controlar el funcionamiento de los ministerios, también avanzan en esa dirección.
En 2009, medio de la mayor crisis económica capitalista después de la Segunda Guerra Mundial, la economía cubana logró crecer en poco más del uno por ciento el Producto Interno Bruto, casi una excepción en la región latinoamericana y caribeña, donde los promedios fuero n de decrecimiento.
Es más, en medio de esas circunstancias, la propia Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) confirma que Cuba es el país con el más bajo índice de analfabetismo, 2.1 por ciento; exhibe la menor tasa de mortalidad en menores de cinco años, 6 por cada mil nacidos vivos; tiene en el mejor promedio de médicos por habitantes, uno cada 150, y sus ciudadanos tienen una esperanza de vida al nacer de 78.6 años promedio en la actualidad.
Pero esos indudables resultados en la esfera social requieren el acompañamiento de la esfera productiva, disparejo entre sectores y lastrado aún por muchas ineficiencias.
Fiel a la política de proyección centralizada, el presidente Raúl Castro señaló a los dirigentes políticos, gubernamentales y administrativos, a todos los niveles, que el cumplimiento del plan es sagrado, con lo que subraya los valores político, ideológico y estratégico de la batalla económica para sostenibilidad y preservación del socialismo.
Reforzando lo dicho con hechos, al presidente cubano no le tiembla la mano cuando es necesario reemplazar a los cuadros que mienten al país o cometen errores crasos en el cumplimiento de sus responsabilidades.
Esa determinación es una de las causas de la larga lista de ajustes que ha realizado en el Gobierno desde que fuera electo como Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros en febrero de 2008.
Un caso ilustrativo de esa postura remoción del Ministro del Azúcar por la pésima zafra azucarera 2009-2010, donde la falta de “objetividad” (léase la mentira) en el estimado de la caña a moler asomó en la mayoría de las provincias y el país fue engañado.
Asimismo, en centrales críticos, supuestamente controlados por especialistas del MINAZ, se violaron orientaciones organizativas dadas para la campaña y nada de lo previsto se incumplió.
El resultado es conocido, una cosecha para el olvido.
Si ese ministerio no resuelve la situación para la venidera temporada, de nada le serviría a Cuba tener una cultura centenaria en el ramo y podría verse obligada a importar azúcar para satisfacer la demanda interna, cuando la carencia crónica de divisas en 2009 obligó a disminuir en el 34 por ciento el comercio de la nación con el exterior.
Según datos divulgados en el sitio digital de la Oficina Nacional de Estadísticas, el año pasado el intercambio comercial sumó 11 mil 788 millones de dólares. Las exportaciones fueron de 2 mil 879 millones de dólares y las importaciones de 8 mil 909 millones, estas últimas con una caída del 37 por ciento respecto al periodo anterior.
Decidido a disciplinar definitivamente la gestión económica nacional, a partir de junio de este año Raúl estableció chequeos trimestrales del funcionamiento de ministerios y provincias, donde cada responsable debe rendir cuentas al dedillo del cumplimiento o no de los planes de producción fijados en cada período. En los casos negativos hay que exponer causas, responsables y soluciones.
Es una necesidad imperiosa para, en primera instancia, mitigar los efectos de la recesión mundial, el bloqueo yanqui y las astronómicas pérdidas causadas por los huracanes de 2008. También para ir restableciendo de una manera firme y sostenida la capacidad del país para producir bienes y servicios, de una manera racional.
La comprensión cabal de los cuadros de que la economía es la tarea principal y el centro del trabajo ideológico, es crucial en las circunstancias que vive el país, enfrentado a realidades duras, como la de ajustar el gasto social a las posibilidades materiales, la insuficiencia de los ingresos personales de los ciudadanos o reubicar en sectores productivos al más de un millón de funcionarios públicos que algunos analistas calculan están ocupando plazas innecesarias.
A los que critican a Raúl por no avanzar más rápido en las transformaciones anunciadas del modelo económico cubano, hay que recordarles las advertencias del mandatario cubano de que es una tarea profunda y compleja, que requiere premeditación y seguridad.
A los que le echan toda la culpa al país de su incapacidad para generar todos los bienes que necesita el pueblo, hay que responderles que, además de las ciertas insuficiencias propias, están los sempiternos obstáculos que impone el criminal bloqueo yanqui, creado hace medio siglo para rendir por penurias a los cubanos y su Revolución.
A los que vivimos en esta Isla digna e independiente y creemos en su sistema socialista, nos corresponde asumir también la tarea de eternizarlo contribuyendo con nuestro trabajo al logro de una economía sólida y dinámica, capaz de sostener con racionalidad toda la justicia conquistada y que la CEPAL y otros organismos internacionales reconocen.













