
Meses antes, el presidente d los Estados Unidos, Dwight Eisenhower, había decidido emprender una serie de agresiones de todo tipo contra el naciente Gobierno revolucionario cubano a fin de lograr su derrocamiento, aprovechando la estrecha relación económica que tenía con la Isla.
Entre estas agresiones se encontraban el cese de la venta de petróleo, así como dejar de comprar 700 mil toneladas de azúcar que habían sido acordadas por ambas naciones. Estas acciones desestabilizadoras habrían bastado para derrocar a muchos gobiernos en la región, pero Cuba se había preparado para resistirlas.
El Comandante en Jefe Fidel Castro había previsto hechos de esta naturaleza por parte de la Casa Blanca, por lo que meses antes había acordado con la Unión Soviética la compra de petróleo y otras mercancías en esa hermana nación y la venta de azúcar de azúcar cubano.
Así, cuando los norteamericanos cesaron de traer petróleo a Cuba, los revolucionarios cubanos trataron de que las refinerías yanqui y británica procesaran el crudo proveniente de la Unión Soviética, solicitud que fue rechazada tajantemente por las administraciones de ambas industrias, en clara complicidad con el imperio norteamericano.
Ante esa negativa, la Revolución no dudó ni un instante en decretar la intervención de ambas industrias, y con el concurso de especialistas y obreros, comenzaron el proceso de refinación del crudo enviado por los soviéticos, evitando así la paralización del país.
A estos hechos siguieron otras agresiones, incluyendo el criminal bloqueo comercial, económico y financiero impuesto unilateralmente por los Estados Unidos con la intención de asfixiar al país, pero Cuba ha sabido resistir y hoy es faro de esperanza para muchos otros pueblos de todos los continentes.













