
Guantánamo.- Bárbara Pesce-Monteiro, Coordinadora de las Naciones Unidas en Cuba intercambió en la provincia de Guantánamo con los exponentes de la Tumba Francesa Pompadour-Santa Catalina de Ricci, Primera Obra Maestra Cubana del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.
La también Representante Residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, se interesó por la historia y tradición familiar de esa centenaria Sociedad músico-danzaria, nacida en los cafetales del oriente de la Isla en los albores del pasado siglo, y de la cual perviven tres agrupaciones en el país.
Al igual que sus similares en Santiago de Cuba y Holguín, la Tumba Francesa de Guantánamo es resultado del proceso de transculturación derivado de las migraciones hacia Cuba de colonos franceses y sus dotaciones de esclavos, tras estallar la Revolución de Haití, de finales del siglo XVIII.
La diplomática constató que para bien de la diversidad del panorama cultural de la Isla, esa reliquia del folklore burló el paso del tiempo, al trasmitirse su esencia de generación a generación, legado que es hoy reconocido internacionalmente.
Se interesó además por las características de los toques, bailes y cantos en creole de las Tumbas, que en voz congoleña significa fiesta ruidosa de tambores, y combina expresiones de origen africano y europeo.
En sus orígenes estos jolgorios eran celebrados por negros y mulatos que imitaban los bailes de las cortes de sus amos franceses, pero al toque de instrumentos africanos, los cuales mantienen su originalidad hasta nuestros días.
La visita de Pesce-Monteiro a Guantánamo forma parte de un recorrido por los proyectos de colaboración del Sistema de las Naciones Unidas, una de las entidades interesadas en la salvaguarda del patrimonio sociocultural de las Tumbas Francesas.













