Guantánamo.- Este Primero de junio se celebra el Día Internacional de la Infancia, y los niños cubanos, a diferencia de otros en el mundo, tienen sobradas razones para celebrar vivir en Cuba, donde se respetan sus derechos a la educación, salud, cultura y deporte gratuitos, entre otras bondades.
Hace algún tiempo escribí para la fecha: “los niños de verdad no son de madera, ni les crece la nariz por decir mentiras, ellos no son Pinocho; las cigüeñas no cargan en sus picos a los pequeños en bolsas, ni se los dejan en una cuna a sus padres como regalo: ellas y ellos son el fruto de dos personas mayores”.
Hubiera podido responderle que los cuentos son como los sueños de los niños cuando están despiertos, pero preferí escucharla.
Con estas palabras, más o menos, Ana Rosa, una niña de ocho años, me hacía entender sus derechos. Ella es una de los millones de infantes que cada día en Guantánamo, como en toda Cuba la provincia del extremo Este cubano, parten temprano en la mañana, con su uniforme rojo, blanco y pañoleta a su escuela donde tienen garantizada la calidad del aprendizaje, sin que sus padres paguen un centavo por ello.
Pero nuevamente este y todos los días hay que recordar los hechos que motivaron proponer y aprobar una convención internacional para dedicarle a los infantes durante la Conferencia Democrática Internacional de la Mujer celebrada en noviembre de 1949.
La humanidad debería recordar permanentemente la masacre cometida por fascistas alemanes en medio de la Segunda Guerra Mundial, cuando eliminaron físicamente a más de 140 jóvenes y a todos los bebés en una villa checa.
Era necesario poner coto a los desmanes contra los pequeños que son el futuro de todas las naciones: entonces fue sabia la decisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas al aprobar un tiempo después la Declaración sobre los Derechos del Niño y posteriormente la Convención sobre los Derechos del Niño.
Lo aprobado por todos los países miembros de la convención: el derecho a la supervivencia; al desarrollo pleno; a la protección contra influencias peligrosas, los malos tratos y la explotación; y a la plena participación en la vida familiar, cultural y social de los infantes, nunca antes pudo ponerse más en duda.
En nuestros días son pocos los países como Cuba donde los niños y las niñas tienen garantizados sus derechos desde que son concebidos por sus padres, salud, educación, recreación y otros programas reconocidos por la UNICEF.
Sin embargo enemigos de este pueblo, que han atentado contra Círculos Infantiles, lugares con gran afluencia de público, sin escatimar la presencia de pequeños, y otros sitios, saboteadas plantaciones, arrojado virus y enfermedades, como parte de la guerra biológica, pretenden desvirtuarlo.
Hoy en Guantánamo, la provincia más oriental de Cuba, son cientos los planteles educacionales de primaria y secundaria, cerca de medio centenar de Círculos Infantiles y Hogares de la Infancia en todos los municipios, a lo que se suma el Programa Educa a tu hijo, desde los primeros años de vida.
Pero esa no es su única garantía para asegurar el futuro: Guantánamo reporta varias zonas rurales con cero mortalidades infantil y materna. El índice de mortalidad infantil en el territorio es comparable con el de países desarrollados.
Como cada niño cubano, los de esta provincia, están protegidos contra 13 padecimientos, algunos de las cuales constituyen azotes en varias naciones del mundo.
La poliomielitis, tuberculosis, difteria, tétanos, tosferina, sarampión, hepatitis y enfermedades diarreicas agudas, entre otras dolencias, no constituyen causas de defunciones entre los pequeños.
Ninguno de los niños de esta parte del país está expuesto a la prostitución y la pornografía infantil, trabajo forzado u otros flagelos que afectan a miles en el planeta.
Ana Rosa, la pequeña que me habló de sus derechos, y otras niñas y niños guantanameros, como todos los cubanos, podrán celebrar de verdad este Primero de Junio el Día Internacional de la Infancia, pero con el pensamiento puesto en aquellos que en el mundo no pueden disfrutarlo, ofreciéndoles desde aquí toda la solidaridad que necesitan y conminando a que la humanidad toda piense más en ellos.











