Guantánamo.- Adis Durand Blanco, una maestra ambulante guantanamera que imparte clases a niños discapacitados en sus casas, recibió en estos días nueva correspondencia de Gerardo Hernández, uno de Los Cinco cubanos presos desde hace doce años injustamente en Estados Unidos.
Junto a la misiva, él envía a la docente un material publicado por Cubadebate, el 17 de noviembre de 2009, que narra su relación con un pajarito al que nombró Cardenal, el cual casualmente llegó a “esa dura prisión de alta seguridad desde el cumpleaños de Gerardo, el 4 de junio, hasta el 16 de julio, (cuando Gerardo lo liberó en medio de haberse decretado lockdonw en la cárcel ), un día después del aniversario de bodas con Adriana”, su esposa, de la que permanece distante con serias restricciones para verla de visita en la cárcel.
Próximos a un nuevo cumpleaños del antiterrorista en cautiverio, su defensa presentará, antes del 14 de junio, una solicitud de habeas corpus para que la justicia norteamericana reconsidere su situación, con la aspiración de que sea reevaluado su caso, pues sobre él pesan las penas más largas, resultado del dilatado y arbitrario proceso judicial.
El recurso a favor de Gerardo, condenado a doble cadena perpetua más 15 años, se interpondrá ante la jueza Joan Lenard, de la Corte Federal de Miami, quien en 2001 lo sentenció junto con otros cuatro cubanos.
Hernández y René González (condenado a 15 años) fueron excluidos del proceso de resentencia realizado a fines del 2009 en Miami, en el cual Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González, recibieron nuevas sanciones. Durante la resentencia la Fiscalía reconoció públicamente la existencia de un fuerte movimiento mundial en respaldo a la liberación de los cinco.
El habeas corpus a favor de Hernández, confinado en una penitenciaría de máxima seguridad en Adelanto, California, pretende que el tribunal le elimine, al menos, las cadenas perpetuas.
Aunque tres sentencias fueron reducidas parcialmente, la injusticia se mantiene con todos, y particularmente en el caso de Gerardo, el gobierno de Estados Unidos conoce la falsedad de las acusaciones contra él y lo injusto de su condena.
Los cinco patriotas penetraron organizaciones terroristas que con total impunidad accionan en Miami, con el objetivo de alertar y prevenir acciones criminales contra Cuba.
Como ellos hay miles de mujeres y hombres en el mundo acusados y sentenciados por el imperio a duras penas, mientras que asesinos confesos como Luís Posada Carriles, autor del sabotaje a la nave de Cubana de Aviación en 1976, en la que perdieron la vida 73 personas, permanecen libres en el propio Estados Unidos.
El llamado “Frankestein del Hemisferio Occidental, Posada Carriles, junto a Orlando Bosch y otros de sus secuaces expresaron a una periodista a raíz del sabotaje, ¿Pusimos la bomba…y qué? Entonces, ¿Existen pruebas de su culpabilidad, o no?
También sucede que al pueblo norteamericano se le niega conocer que los héroes cubanos luchaban por Cuba, pero también por personas como las víctimas del acto terrorista contra las Torres Gemelas, en pleno corazón del gigante del norte.
A los cubanos la pérdida de cerca de 3 mil 500 personas, víctimas de actos vandálicos perpetrados por los secuaces del imperialismo yanqui a lo largo de su historia los llena de moral suficiente, para demandar justicia y denunciar la actitud de la Corte Suprema de Estados Unidos.
Nunca antes se había registrado tantas prestigiosas personalidades e instituciones a escala mundial que han demandado al mencionado organismo judicial la revisión de un caso como el de los cinco y su inmediata liberación.
El pueblo de Cuba, bloqueado económica, financiera y comercialmente desde hace más de 50 años, aunque oficialmente se reconozca el “embargo” desde 1962, ha soportado también agresiones psicosocioideológicas, militares, biológicas y otras, por parte del imperialismo yanqui.
Los cinco fueron víctimas de un acto de represión de Estado, de revancha política, de cruel ensañamiento, durante el juicio donde se les acusó sin pruebas, sancionó y donde se presentaron cargos sin evidencias.
El propio Gerardo alegó que la última palabra no es la de la Corte Suprema, ni de la jurisprudencia, ni del gobierno de la Casa Blanca.
La última palabra la tienen todas las personas de bien, en Cuba, en Estados Unidos y en el mundo que continuarán batallando hasta que los cinco sean puestos en libertad. Para entonces también Cardenal, el ave amigo de prisión de Gerardo, podrá disfrutar también a plenitud de la suya.











