
El evento sesionará sábado y domingo en la capital, con la esperada presencia de la máxima dirección del Gobierno y la asistencia de 860 delegados, además de 150 invitados.
Se efectúa en un momento complejo, en el que se conjugan el negativo impacto de la crisis económica mundial en las finanzas del país, los problemas organizativos que aún subsisten en el sector y la sequía imperante.
Tales circunstancias han frustrado los resultados que esperaba el país después de la adopción de medidas destinadas a incentivar la producción de alimentos, considerado un asunto de seguridad nacional por el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros Raúl Castro Ruz.
Cuba ha realizado importaciones anuales por más de dos mil millones de dólares para asegurar la alimentación a sus 11,2 millones de habitantes, mientras permanecían baldías gran parte de sus terrenos cultivables.
Como no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista, el Consejo de Estado aprobó el Decreto-Ley No. 259 para adjudicar tierras en usufructo a las personas naturales y jurídicas que demostrarán su aptitud para hacerlo.
En un proceso no exento de irregularidades se pusieron a producir un millón de hectáreas y crecieron las expectativas, pues el año pasado finalizó con discretos avances a pesar de los destrozos ocasionados por tres huracanes a finales de 2008, especialmente en el plátano.
Por la provincia Camagüey comenzó la experiencia de la agricultura suburbana, consistente en la creación de pequeñas fincas familiares en áreas cercanas a las ciudades y pueblos, destinadas a la producción intensiva de alimentos, en lo que consumen el mínimo de combustible, usan fertilizantes orgánicos, aprovechan la tracción animal y venden sus cosechas en lugares cercanos.
El esquema se aplica ya con cierto éxito en 17 municipios, pero a fines de 2010 se aspira ha tenerlo establecido en la mayoría de las 169 jurisdicciones del país.
Incluso la casi totalidad de los renglones agrícolas y de la ganadería fueron beneficiados con mejores precios para su compra por el Estado.
Sin embargo, los resultados de la producción agropecuaria nacional en los tres primeros meses del actual año han caído como un cubo de agua fría: queda lejos del plan y muestra una disminución del 8,8 por ciento.
Por cultivos, decrecen notablemente la malanga, papa, tomate, col y los frijoles. Logran crecimientos el plátano, de manera notable; arroz húmedo en cáscara, maíz y las cebollas.
Una mirada las ventas contratadas quedan lejos de sus propósitos y con el llamativo dato de que las producciones destinadas al autoconsumo y las ventas a trabajadores casi triplican lo destinado a los mercados agropecuarios estatales, convertidos en la tabla de salvación de la gran mayoría de los cubanos, deseosos de completar los platos que llevan a la mesa con productos variados y a mejores precios que en los mercados de oferta y demanda.
La explicación primera de los resultados es la falta crónica de lluvias a partir de mediados de diciembre último. Es cierto.
También lo es que las limitaciones financieras que enfrenta Cuba contrajeron la importación de semillas, fertilizantes, plaguicidas, herbicidas y otros insumos.
Pero también pesan la llegada a destiempo de los pocos recursos básicos que se pudieron adquirir, la insuficiente contratación de las producciones y las insuficiencias en materia de transporte, control, disciplina y organización en las entidades encargadas del acopio, la distribución y comercialización.
A eso se unen las insatisfacciones que tienen los campesinos, los principales productores de alimentos en la nación, en cuanto a que hoy con las empresas a las que están vinculados sufren aquello del que reparte se queda con la mejor parte en lo que se refiere a recursos.
También con el uso arbitrario de las empresas comercializadoras de los precios de venta al consumidor, pues es el mismo, sin diferenciar calidades, lo que no sucede a la hora de comprar a los productores.
Desestimula el “pacto de caballeros” que se establece entre Acopio y los campesinos, donde el primero exige producciones sin garantizar a cambio ni una gota de combustible y otros insumos a los segundos, en muchas ocasiones obligados a ingeniárseles apelando a métodos poco legales.
Asimismo persisten los casos de impagos a los productores, a pesar de que la máxima dirección del Gobierno destina el financiamiento necesario para que eso no suceda.
A pesar de la voluntad expresa de las máximas autoridades del país de destinar parte de las divisas ahorradas por la sustitución de importaciones que se generen a estimular renglones como la leche, pero le hace falta a la prometedora ceba de toros.
Toca entonces al X Congreso de la ANAP pronunciarse acerca de lo que está pendiente por resolver en asuntos tan importantes como la eliminación de los impagos, la consolidación del pago por factura, la vinculación a los resultados finales de la producción, la fijación de precios de acopio más estimulantes para determinados productos con sus márgenes comerciales, la limpia de las áreas infectadas de marabú, la venta directa de leche en las bodegas, la ceba del ganado vacuno y las entregas de tierras ociosas en usufructo para su explotación inmediata.
El evento será crucial para el mejor futuro de la agricultura cubana y con ello alcanzar con recursos propios la anhelada seguridad alimentaria de la población.













