
Esa fecha representa un símbolo en la historia de la Revolución cubana. El 17 de mayo de 1959 murió el latifundio en el archipiélago y nació la libertad para los hombres del campo que trabajan la tierra.
Ese memorable día, en la Comandancia General del Ejército Rebelde, en plena Sierra Maestra, se reafirmó el proyecto de Ley de Reforma Agraria.
Con la entrada en vigor de esa Ley, se puso fin al control de las grandes empresas extranjeras, fundamentalmente norteamericanas, sobre las mayores y mejores extensiones de tierras cultivables en la mayor de las Antillas, una medida del Gobierno revolucionario que irritó al imperio norteamericano.
Entre los artículos promulgados por la Primera Ley de Reforma Agraria se estipulaba dejar en 30 caballerías, como máximo, la posesión de tierras por personas naturales o jurídicas, y relegaba la venta de tierras a extranjeros.
Sin embargo, lo más trascendental de aquel suceso que revolucionó el campo cubano fue que más de 200 mil familias del campo se convirtieron en propietarias de las parcelas que cosechaban y fueron liberadas del pago de rentas, y de la explotación que causaban los intermediarios.
Desde ese entonces los hombres y mujeres de las zonas rurales en el archipiélago cubano conocen la verdadera esencia del proceso revolucionario cubano, iniciado en enero de 1959, que tienen como objetivo primordial la justicia social.
Las transformaciones en el campo cubano continúan. Hoy se entregan miles de hectáreas de tierras ociosas a los hombres y mujeres que están dispuestos a trabarlas para incrementar los niveles de producción de alimentos.
De ahí que este Décimo Congreso de la ANAP será el escenario propicio para debatir, definitivamente, cómo elevar los rendimientos agrícolas para que los productos puedan verse con más frecuencia en la mesa de los cubanos.













