Guantánamo.- El primero de mayo en Cuba es una fiesta del pueblo. La jornada se convierte en expresión de la unidad de los isleños. Es muestra de la alegría, la jovialidad y el optimismo con que la gran familia cubana manifiesta cada año su indiscutible compromiso con la Revolución que puso en sus manos los medios de producción y las oportunidades de trabajo.
Por eso cuando llega el día, todos en casa ponen a un lado sus rutinas cotidianas para salir a las calles a dar un nuevo sí por la patria. Hasta el más pequeño asiste al festejo, casi siempre con un vestuario preferiblemente rojo, azul o blanco, los colores que identifican ante el mundo a la isla caribeña.
La abuela o el abuelo tampoco se pierden la marcha. Ellos conocen bien la dimensión de cada logro alcanzado en la isla y por eso acuden en su defensa. Tal vez porque en épocas pasadas fueron víctimas o testigos de las privaciones a que eran sometidos los trabajadores y ahora son dichosos de que sus hijos y nietos vivan en una realidad diferente.
Las madres también desfilan agradecidas de tener a su disposición un puesto laboral seguro y un sistema de salud que vela por el bienestar propio y el de su familia. Aunque representan el llamado sexo débil, en este país no se les condena por ello. Por el contrario, se les alienta a defender sus derechos en una sociedad caracterizada por la justicia y la igualdad plena.
Esas y otras miles de razones motivan a los miembros de la familia cubana a desfilar cada año en saludo al primero de mayo. La fecha es ideal para asistir unidos, alegres y agradecidos a una gran fiesta de todo el pueblo.











