Cuando los españoles llegaron a América, trajeron consigo el látigo, pero también su idioma, tesoro inapreciable que hoy hablan cerca de 500 millones de habitantes del planeta, y que tiene como peculiaridad establecer un puente de comunicación entre los individuos de un pueblo a otro, nacionalidad o país que hablen Español.
De hecho, la palabra es una fuente imprescindible para la comunicación humana, por lo que debe de ofrecércele los más exquisitos cuidados con la finalidad de mantenerla hermosa y digna.
El idioma que se alimenta de las palabras, constituye uno de los tesoros más queridos y la transformación de la cual ha sido objeto a través de los siglos, le otorga ese rango distintivo a pesar de que en ocasiones, se le agrede y maltrata de la peor manera. Ejemplos sobran y no bastaría el simple espacio de un comentario para exponerlos.
Cuba se encuentra enfrascada en la colosal contienda por lograr la elevación cultural de sus habitantes y convertir a nuestro país, en uno de los más cultos del mundo, por lo que considero una nota discordante que los individuos irrumpan nuestros oídos con expresiones carentes de respeto y distantes de las normas del buen comportamiento social.
El respeto por los valores que identifican al ser humano más instruido, es premisa para nuestro país, y ahí se alza como una de las muestras más evidentes, la labor de las bibliotecas de las escuelas como fuentes de conocimientos.
Pienso, claro, que el país precisa de todos en este empeño por sembrar correctos hábitos en nuestra manera de expresarnos.
Nadie queda exento de esta responsabilidad, pues resulta un imperativo defender nuestra lengua materna y contribuir al cuidado de que cada palabra se pronuncie perfecta y necesaria













