Ni el gobierno de los Estados Unidos ni sus aliados políticos pueden dar a Cuba una clase magistral de Democracia, máxime cuando Cuba posee en casi un centenar de países miles de cooperantes en sectores como la salud, el deporte, la agricultura y la educación, país además, donde los comicios constituyen un acto enteramente democrático y de expresión de la libertad individual.
La ceguera política de nuestros vecinos del Norte es tan inmensa que no les permite comprender por qué en la Cuba de hoy, a pesar de no ser obligatorio el voto, históricamente más del 95 por ciento de los ciudadanos ejercen su derecho al sufragio.
Prueba de ello es que todos los ciudadanos cubanos con capacidad legal tienen derecho a elegir y ser elegidos sin recibir a cambio remuneración alguna, sino la mayor abnegación y entrega al pueblo que de manera transparente los ha elegido, ciudadanos portadores de virtudes, méritos y capacidades.
Quizás si vivieran en este país y sus familias tuviesen acceso gratuito a la salud, educación, cultura, deporte, garantías de seguro social, empleo digno y otras conquistas sociales, aún en las complejas condiciones económicas del mundo actual y el antihumano bloqueo, seguro comprenderían el por qué, a pesar de las imperfecciones, los asuntos por mejorar y las carencias propias de país subdesarrollado y cercado económicamente, los cubanos y cubanas defendiendo nuestro sistema social justo y equitativo.
A pesar de las confabulaciones de las marionetas que sirven a la ultraderecha y a la reacción internacional, nuestro pueblo se mantiene firme en su posición, por tanto, nuestros enemigos, tendrían que aguantar otra gran derrota equivalente a la de aquel 19 de abril de 1961 en Playa Girón, cuando este 25 de abril, la Patria convoque a todo el pueblo a ejercer el derecho al sufragio donde se estampará una de las grandes divergencias entre la democracia en Cuba y la de otros sistemas electorales del universo.











