
Guantánamo.- ¡Qué nadie lo dude! Ni la terrible amenaza ni el más de los espantosos chantajes, harán rendir al pueblo cubano. Cuando se acusa a la Isla por supuestas violaciones de los derechos humanos, en despiadada campaña mediática, el Imperio y sus aliados se olvidan de algo muy importante; su rabia no doblegará jamás a los cubanos.
Las muestras de repudio unánime ante el bochornoso show de quienes torturan y asesinan con facilidad a miles de inocentes en Irak, Afganistán y en otros tantos sitios del mundo, abundan en la Mayor de las Antillas.
En centros laborales y estudiantiles se escuchan las voces vibrantes de sus protagonistas, decididos a continuar luchando al lado de la Revolución por un mundo mejor.
La justa causa por la vida que profesionales de la Salud, la Educación y el Deporte hacen llegar a recónditos parajes de América, África y Asia enaltece los más genuinos valores de solidaridad humana.
El disfraz de luchadores contra el terrorismo se les cae a diario al gobierno norteamericano, y junto a sus aliados, caen hondo en la fosa común de su deshonra.
Cada vez más pierden credibilidad a escala internacional, aún cuando los grandes medios de comunicación se empeñan en transmitir un inmoral mensaje, meloso en falsedades y muy difícil de comprobar.
La larga lista de macabras y verdaderas violaciones de los derechos humanos que engorda el Imperio junto a la “opulenta” Europa, va desde el maltrato a inmigrantes, el desempleo creciente de sus poblaciones, la feroz pobreza, la indigencia de niños, pasando por el maltrato físico y represión brutal a integrantes movimientos sociales que protestan ante sus infamias, hasta el establecimiento de cárceles secretas y la tortura atroz.
Nada le es ajeno a los que culpan hoy a la Cuba Socialista que ha sabido imponerse por más de 50 años a la política cruel del gobierno de los estados unidos y sus siervos. Contra los cubanos el uso de cualquier oprobio vale, pero, ¡qué equivocados están!
El pueblo cubano no negociará jamás sus principios ni su moral. La dignidad será siempre lo que nos distinga.
¡Qué les vaya yendo de la cabeza la idea absurda de la rendición!











