La actual coyuntura internacional, como otras que ha enfrentado este pueblo, exige muchos esfuerzos de su parte y enfrentamiento permanente a quienes pretenden lastrar la obra que por más de cincuenta años ha dado dignidad y decoro a los más humildes.
Nadie en el mundo ha estado expuesto al más cruel y largo bloqueo imperialista de la historia a pueblo alguno como lo es el de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos contra Cuba, ni ha recibido agresiones tan cínicas en todos los ámbitos de la vida desde 1959, incluyendo la directa a la integridad humana.
Con acierto el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, durante la clausura del magno evento juvenil afirmó que “Cuba no teme a la mentira ni se arrodilla ante presiones, condicionamientos o imposiciones”
Más de una vez sus enemigos han tramado patrañas como la que hoy erige la Unión Europea, patrocinada por sus secuaces de Estados Unidos que esta vez pretenden convertir a un connotado delincuente común en líder de los disidentes del país, alguien que de forma chantajista intentó demandar cosas irracionales al Gobierno cubano.
El propio recluso atentó contra su vida conminado a una huelga de hambre por sus asesores anticubanos, en lo que, mientras médicos cubanos hicieron todo por salvarlo, sus socios desataban con su suerte la más hipócrita guerra mediática.
El Congreso de los jóvenes cubanos se desarrolló “en medio de una de las más feroces y concertadas campañas mediáticas contra la Revolución Cubana en sus 50 años de existencia”, tal como refirió Raúl, sin embargo no se apreció intervención derrotista alguna, ni comentarios desacertados o contrarios al proceso que vive el país. Todo lo contrario.
La Declaración contra la mentira y el odio, dada a conocer por uno de los delegados al evento y aprobada por los delegados, marcaba la posición de ese importante sector del país: los jóvenes ratificaron su disposición y compromiso para defender las conquistas de la revolución y dar continuidad a la obra que legaron las generaciones anteriores de revolucionarios.
Por eso desde sus asambleas de base resultaron temas de amplios debates la participación de los más nuevos en la batalla económica que libra el país, la lucha en el terreno político ideológico, la educación patriótica y cívica de los jóvenes bajo los preceptos del sistema social socialista, el cual solo puede engrandecerse con el trabajo unido de todos “frente a aquellos que se dedican a buscar la paja en el ojo ajeno en vez de emplear ese esfuerzo en hacer lo que les corresponde”.
Los hombres se parecen más a su tiempo que a sus padres, por eso en Cuba no se esperó nunca la respuesta de la juventud en las más difíciles situaciones.
Nadie que asegure poder desmembrar a la revolución cubana desde su juventud donde aparecen cada día más quienes se ponen en la vanguardia, frente a los que prefieren traicionar la gloria que se ha vivido a lo largo de más de 50 años.











