El Gobierno de Cuba, al percatarse del apoyo brindado por el Perú al grupo contrarrevolucionario, decidió retirar toda protección a dicha Embajada, lo que fue aprovechado por elementos desafectos al proceso revolucionario, para introducirse en la misma y, a las 48 horas, sumaban alrededor de 3 000 personas concentradas en el pequeño patio de la misión diplomática.
Estos elementos procedían de la capital del país y de otras provincias occidentales, algunos llevaron a sus familias, incluso niños, creándose una situación insostenible. Ninguno de ellos era perseguido político ni estaba requerido de asilo.
Al percatarse de su incapacidad para controlar aquella situación, el embajador peruano Edgardo de Habish, luego de coordinar con las autoridades cubanas, invitó a aquellas personas, a excepción del grupo que entró a la fuerza y asesinó al soldado Pedro Ortiz, a regresar a sus hogares, pues el Gobierno de Cuba había dado plena garantías de que no se les molestaría. Este acuerdo, al que se opuso la Cancillería peruana, le costó el cargo al embajador Edgardo de Habish, quien acumulaba 39 años de servicio diplomático.
En aquellos instantes se puso de manifiesto la credibilidad y alta confianza que tenía la palabra de la Revolución, que aseguró no oponerse a que viajaran legalmente al Perú, a Venezuela (se había producido una situación parecida en su Embajada en Cuba) o a cualquier otro país, y aseguró que los que entraron luego de la retirada de los custodios, no se les consideraba autores de un acto de fuerza y, por lo tanto, podían ir a sus casas y regresar a la Embajada cuando lo desearan. De las 3000 personas en aquella situación, 2992 retornaron a sus hogares.
El Gobierno de Cuba suministró agua potable, alimentos, leche para los niños y la atención médica para los que la necesitaran, con el apoyo de la inmensa mayoría de la población, que en una Marcha del Pueblo Combatiente, reafirmó su decisión soberana de continuar con el sistema socialista y su confianza en los líderes de la Revolución, encabezados por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Los involucrados en aquellos sucesos viajaron hacia Perú, Venezuela y los Estados Unidos, pues se estableció un puente marítimo entre El Mariel y La Florida, con embarcaciones de cubanos residentes en los Estados Unidos, lo que representó una victoria de los revolucionarios contra la Mafia de Miami y la Casa Blanca, sin lugar a dudas autores intelectuales de esa provocación.













