
Los expedicionarios sólo contaban con 11 rifles y unos pocos revólveres y machetes, y de inmediato emprenden la marcha por regiones desconocidas. Muy pronto reciben su bautizo de fuego al enfrentarse a una compañía de infantería española que cede ante el empuje de los cubanos y se retira presurosa hacia la villa de Baracoa, en Guantánamo, donde se da a conocer la presencia de las fuerzas mambisas.
La noticia de la llegada de los tres jefes causa un gran impacto en la población criolla, que sentía respeto y admiración por esos veteranos de la Guerra Grande, y de inmediato cientos de ellos de las llanuras del Cauto y de los territorios de Santiago de Cuba y Guantánamo se incorporan a las tropas revolucionarias.
Los españoles rápidamente organizaron una persecución de los patriotas por una fuerza superior en hombres y armas, y sorprenden a los cubanos en una emboscada en el cafetal Alegría, los cuales se ven obligados a dispersarse en cuatro grupos reducidos. Distante estaba la tropa de 50 mambises al mando de Félix Ruenes, que tiene la misión de esperar otros desembarcos con armas y municiones.
El 10 de abril se produce otro enfrentamiento en Alto de Palmarito, Yateras, donde cae abatido el General Flor Crombet y el resto del grupo es diezmado; sólo se salva José Maceo, quien tras ripostar el fuego enemigo se lanza por un barranco y logra evadir la persecución de los indios bajo el mando de Pedro Garrido. Días después se incorpora a las fuerzas insurrectas de Pedro Agustín Pérez, jefe mambí guantanamero.
Antonio Maceo, tras jornadas agotadoras, llega a la zona de Mayarí el 20 de abril, donde encuentra tropas cubanas. La presencia del Titán de Bronce conmociona a todo el territorio y en unos pocos días tenía bajo su mando a más de 600 hombres organizados y listos para impulsar la Guerra Necesaria por la independencia de la Patria.
A 114 años del histórico acontecimiento; el ejemplo de Maceo, Gómez, Martí y todos los otros patriotas se multiplica entre los guantanameros hoy inmersos en otra batalla; la de las ideas, para preservar la soberanía de la tierra amada por la que ellos entonces entregaron sus vidas.













