
Este documento, considerado con justa razón como la piedra angular programática de la Revolución de 1895, destaca las razones que justifican y exigen la independencia de la Isla; subraya la necesidad de realizar una guerra generosa y breve, y explica en detalle que la contienda no es contra el pueblo o contra el simple ciudadano español radicado en Cuba, sino contra el oprobioso régimen colonial que la Patria padece.
También argumenta con profundidad en contra de las vergonzosas campañas racistas de los autonomistas, quienes aprovechando los sucesos de la Revolución de Haití, propugnaban la posibilidad de una amplia rebelión de negros aquí, con el objetivo de conquistar el poder en Cuba.
El Manifiesto de Montecristi aboga por una transformación radical de la realidad socio-económica del país, que España estrangulaba con sus leyes excluyentes y el monopolio comercial que sólo beneficiaba a los peninsulares y frenaba el desarrollo en la Mayor de las Antillas.
Este esencial documento fue escrito por Martí y aprobado en todas sus partes por Gómez, y su contenido constituye una muestra fidedigna de lo avanzado y la elevada calidad en el campo de las ideas que había alcanzado el movimiento independentista cubano en aquella época. A la vez demostraba la existencia de una comunidad de criterios entre ambos patriotas, al que los unía una estrecha amistad y el interés supremo de liberar a la Patria.













