Muchas son las razones por las que los jóvenes fuman, unos, por seguir el mal ejemplo de compañeros, padres, hermanos, otros, por el deseo de parecerse a los adultos, o por simple la curiosidad ante lo novedoso.
Otros jóvenes mantienen el concepto de sentirse más hombres, más adultos y resultar atractivos ante las muchachas, lo cual es un error, porque son otros elementos los que determinan la madurez, la integridad, la inteligencia y la autoridad de un joven.
El tabaquismo representa uno de los mayores problemas que enfrenta hoy la humanidad. Urge crear en la juventud la conciencia de los daños que ocasiona. Los fumadores, disminuyen de cuatro a siete años su promedio de vida, motivo suficiente para considerar la posibilidad de comenzar un día regalándole aire puro a sus pulmones y no humo.
Independientemente de que la letra de a canción diga que Fumar es un placer, el simple acto de llevarse un cigarrillo a la boca, constituye aceptar una muerte lenta y silenciosa, no solo para quienes son adictas, sino también aquellos que conviven con ellos y se convierten de hecho, en fumadores pasivos.
La incidencia de enfermedades relacionadas con el tabaquismo son tan altas en fumadores pasivos y no hablar de los activos, que desde hace unos años se prohíbe, al igual que en otros lugares del mundo, fumar en lugares públicos cerrados, como salas de video, ómnibus urbanos, el cine, en el teatro... sitios donde obligatoriamente te imponen convivir con el humo del cigarrillo de quienes no sienten el más mínimo respeto por la salud e integridad individual de las personas.
No soy de las que no bromea cuando digo que no me acerco a nadie que fume. Sin embargo, no estoy en contra de los fumadores, cada persona hace con su salud y su vida lo que desee, pero sí censuro a quienes contagian el aire que respiramos quienes no tienen el hábito y esto, necesariamente tiene que convertirse en una batalla de todos.
La familia, la sociedad, la escuela, los medios de difusión de masiva tienen la obligación de prevenir a quienes se inclinan por ese mal hábito, y explicar en todas las tribunas en que nos encontremos que lejos de un “ placer” para quienes lo disfrutan, el hábito de fumar, causa un profundo dolor a la familia por el daño lento y silencioso que hace.













