
Para los medios de prensa internacionales radicados en la capital cubana no es noticia que las mujeres y hombres con derecho al voto estén así dando su apoyo a la Revolución y el Partido Comunista, además de expresar la plena confianza en el sistema electoral de la Isla digna e independiente.
Acogiéndose a la libertad de expresión, les es preferible callar que la inmensa mayoría del pueblo sigue junto a Fidel y Raúl Castro, a pesar de que cierta agencia informativa europea anunció que este era el año negro “cubano” (como si no fuera para casi todo el mundo, incluyendo el país de origen de la referida empresa mediática), debido al impacto de la recesión global, el boqueo yanqui, los huracanes y la insuficiencia financiera, cuestiones reconocidas por las autoridades.
Eso sí, sus corresponsales acuden solícitos a la convocatoria hecha por algún “disidente” para aprovechar la asamblea de nominación correspondiente al área donde vive, para, con un consumado cinismo, autoproponerse como candidato, derecho político que le garantiza la Constitución Socialista, la misma que él y sus compinches abominan.
Pero provocaciones de esa índole, con el ropaje de civismo, siempre tendrán la respuesta oportuna y adecuada, que no es más que la elección con entera libertad de la mujer o el hombre que los vecinos consideran puede representarlos ante los gobiernos locales de gobierno, por sus méritos personales y capacidad.
Por desgracia para la prensa extranjera, el ansia de dar el “palo periodístico” con la elección de un contrarrevolucionario como aspirante a delegado de circunscripción, queda y quedará insatisfecha por la simple razón de que los autoproclamados “oponentes” o “miembros de la sociedad civil cubana”, made in Washington, Estrasburgo, República Checa o Suecia, carecen de reputación, moral y principios.
Hasta un cronista occidental, que ninguna simpatía tiene con el sistema político instaurado en la Isla, reconoce de una manera velada que son y serán una sarta de mercenarios a los que el gobierno de los Estados Unidos paga, orienta y promueve como “patriotas”.
Pero en su afán de ser escudero del Tío Sam en el empeño de derrocar el orden constitucional erigido por el pueblo revolucionario cubano, el Parlamento Europeo se hace el de la vista gorda y vocifera, impotente, por una “transición política” hacia la “democracia” de los ricos, para los ricos y de los ricos, esa que resultó 60 años de vergüenza para Cuba, sometida los dictados neocoloniales de Washington.
Lo peor de la resolución anticubana aprobada en Estrasburgo es la prepotencia que destila al intentar ignorar la decisión de un pueblo de constituir un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, y pretender imponerle sus reglas.
El socialismo y el sistema político y social revolucionario establecido en la nación caribeña, con más virtudes que defectos, no se mantiene secuestrando, atormentando o encerrando en cárceles clandestinas a sus pretendidos adversarios, ni con las técnicas de tortura y desapariciones aprendidas en la tristemente famosa Escuela de las Américas, sino con el respaldo abrumador del pueblo, principal protagonista de esa obra extraordinaria que es la Revolución Cubana.
Por tal razón, los “opositores” con paga del imperio carecen de arraigo popular.
Conscientes de su descrédito entre el pueblo que dicen defender, fomentan actitudes suicidas entre sus más obcecados acólitos con tal de obtener la atención de las grandes empresas mediáticas e inflar como un globo su “protagonismo” (y el monto en dólares) en una nación que por abrumadora mayoría también los desconoce porque no los respeta, dado su triste papel de quinta columna del imperio que nos odia por nuestra dignidad, independencia y soberanía.
Compartiendo las aspiraciones imperiales de destruir al incomodísimo rival ideológico que tiene a 90 millas, no, a 90 milímetros si consideramos la frontera impuesta por la ilegal base naval en la bahía de Guantánamo, la prensa occidental acreditada en La Habana se dedica más a glorificar las acciones espurias de los grupúsculos contrarrevolucionarios y exagerar las dificultades que enfrenta el país, como le sucede hoy a buena parte del mundo, como si en cada instante la Revolución estuviera a punto de zozobrar.
Como omitir forma parte del derecho humano a la libre expresión, para sus corresponsales no es un hecho noticioso la masiva asistencia de los cubanos a las asambleas de nominación, ni tampoco que no hay campaña electoral previa, no hay partidos que postulen.
Los méritos laborales, personales y características de convivencia social, es lo que sustenta las propuestas de los vecinos, seleccionándose en cada circunscripción todos los candidatos que tengan dichas cualidades y estén de acuerdo en desempeñar el cargo.
La incuestionable verdad de que somos millones los que hacemos Revolución de forma cotidiana no es conveniente a la objetividad de los medios de prensa capitalistas. Disguste a quien disguste, las asambleas de nominación simbolizan la voluntad de los cubanos verdaderos de continuar en la senda del socialismo.











